Narraciones

                                  “... DOS VECES CON LA MISMA PIEDRA ..."   
       
Me encontraba en la pileta de natación disfrutando del solaz veraniego en esa tarde de calor, cuando observè  a una abeja que se ahogaba inmersa en el líquido con las patas hacia arriba.
 Seguro que  se cayó allí  al tratar de  beber, sedienta,  en este único lugar con agua en muchos metros a la redonda.
Es una  tarde extremadamente calurosa, en medio de  una temporada de sequía que se presenta como una de las más impactantes  en  los últimos  cuarenta años.
Pensé  de golpe en  la miel que dejaría de producir; en  las flores o  plantas que no  polinizaría si moría y  decidí  salvarla. La extraje del agua débil, moribunda.
La saqué de la pileta con la palma de mi mano y la dejé recostada en el borde,  a unos cuarenta o cincuenta  centímetros  del agua. 
Quedó allí estática por un buen rato. Luego se paró sobre sus patas con evidente esfuerzo  e intentó caminar.  Pero se movía lentamente. Se veía abatida. Sus  alas  parecían  temblar, como si  quisiera volar, pero carecían de fuerza.
 Se cayó de costado dos o tres veces y se volvió a levantar otras tantas. Esquivó algunas hormigas que  la cercaban,  observando  a una  posible presa.
Una avispa pequeña  de vivaces colores negro y amarillo, estuvo sobrevolando encima de la abeja; seguro que acechando u observando por un breve momento, quizás unos nueve o diez  segundos,  hasta que de repente se alejó. 
La abeja siguió caminando,  trémula. Me parece que sorbió un poquito de agua  de la que había en el piso, y después  continuó  en dirección  a la pileta y se cayó nuevamente en ella.
Algo me distrajo en ese momento...Eran dos  perros  que se peleaban entre gruñidos y ladridos. Al principio, entretenido como estaba, no les presté atención. Pero luego terminé mirando  a los dos porque la lucha iba en aumento.
 En realidad discutían por la posesión de una de mis sandalias. Jugando, tironeaban con los dientes uno de cada extremo, para ver quién se quedaba con ella .
 Salí del agua, los calmé primero y luego los separé... Salvé al calzado de una rotura segura.
Cuando ingresé nuevamente al agua, busqué al  bichito volador  que insistió con entrar en la pileta…Allea Jacta est.   Ahora  no se mueve  más: acaba de morir ahogada…
                                                                                                   

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ESCON DIDO ENTRE LAS NUBES
- Sabès lo que es estar escondido en las nubes?  -Sì.  Me sucede a menudo cuando no puedo
responder a las preguntas que me hacen en el cielo. -Y  viajàs seguido al cielo?
- Sòlo cuando tengo pasajes por òmnibus, porque es màs barato. Tambièn cuando sueño despierto y escapo de mis problemas.    - Tenès muchos  problemas?.  -Bastantes;  sobre todo cuando no consigo pasajes hacia arriba. Mi rostro se pone tenso y mi mente no puede ahuyentarlos  a veces,  entonces camino...Èse es el punto  en el que ni siquiera tengo el dinero-fuerza para ir hacia el cielo. Tambièn me voy hacia lo terreno, entonces escribo.  Es una terapia para mì;  como que hablo conmigo..Es bueno porque no discuto  mucho;  como un diàlogo apacible donde siempre termino ganando.
Ni siquiera me queda un perro en los ùltimos tiempos de tanto que ando.  Pero supongo que lo voy a encontrar de nuevo.
 Yo, Gefe . (Hace màs de veinte añós)




EN LAS GRUTAS, CON LOS SENTIDOS LIBERADOS.(BIOLOGIA EN EL SUR)
                                        Gustavo Farroni (Clason, Sta.Fe)(escrito en 1995,corregido en 2016)

El hombre preparó  la ropa  para correr por la playa  en esa mañana de febrero, y  no pudo evitar recordar  el contraste de situaciones vividas en los últimos días...
Desde el paso raudo por la ciudad de Bariloche para  caminar unos momentos en el centro. Después,  una recorrida en el auto por lo base del Cerro Catedral para  ver la magnitud del fuego que había quemado la ladera. Allí, el costado del pavimento que lleva a la punta de la montaña parecía una larga cinta negra de luto. Las llamas habían borrado el pasto seco. Los pinos; los cipreses caídos, con las extremidades dobladas mirando hacia abajo, parecían estar  rogando, arrodillados, el rescate de las llamas que habían pasado.
Y todos esos campos pelados y oscuros en derredor de la ciudad...¿Cuánto costaría recuperar esa vegetación, los árboles y el pasto; los  animales  que danzaban entre ellos?...
Hay que  aprovechar bien el verano.  Hacer todo lo que no se  puede hacer  en  un  año de trabajo, de rigidez, de horarios a cumplir... Sin más trámites, comienza a preparar sus pies al ritmo de su ánimo agitado.
Se acomoda las extremidades para usarlas en sus vacaciones y arrumbarlas después cuando regrese al su trabajo. Se pone unas medias gruesas, que luego enfunda en unas zapatillas pesadas, enormes.  El espesor de la suela le proporcionará  comodidad a sus movimientos articulares.  Para subir, para pisar, para saltar, hacer palanca;para  empujar, bajar.  Para soportar sus quejidos de gosnes, de bisagras sin lubricar... de coyunturas poco sensibles al ejercicio a las que el hombre sedentario las va a someter.
Ya está corriendo suavemente. Siente rodar la arena bajo su planta  y cómo se mueven y desplazan las piedras a su paso. El sol de casi las diez de la mañana es intenso. Golpea rayo por rayo. Haz por haz de luz. Todas las células están expuestas; los melanocitos se movilizan por el calor y la radiación, tratando de desplazarse hacia todos los centímetros de la epidermis para cubrirla; como un toldo ajado o un techo inconcluso.
El aire está tibio en esa hora. Es agradable estar corriendo. La piel, los huesos, los músculos  y los hectolitros de sangre que circulan rápido por ellos,  convierten ese exceso de energía en trabajo...
El calor se hace sentir a esa hora, pero el viento suave que viene del mar ayuda a refrigerar el cuerpo. ...Sólo molesta un poco  esa transpiración que cae en los ojos y justo con  el sol de frente!!. Esa humedad cargada de salitre desciende por las cejas y  por los párpados y luego, lento, sumisa, baja a las pestañas; desde allí, en un salto suave y sutil, se dispersa y se acomoda en los ojos, en la lisura y en la  delicadeza de la córnea. De esta manera provoca  un ardor leve en la vista por la sal marina que trae  el viento y la  transpiración con sus desechos...
Pero no importa. La alegría, la paz, las ganas de sentir a pleno la arena, las piedras, el entorno; el agua de mar con sus ruidos... Es una explosión de energía en la carne y en los sentidos..
Al compás de sus piernas, el hombre comenzó a apreciar y sentir las emociones que  aparecían a cada segundo a la orilla del mar.
Y con las emociones, algunos  recuerdos  llegan a oleadas...Como aquella conversación mantenida con el maestro aquel que llevó en el auto desde  el pueblo de Centenario, cuando se dirigía desde Neuquén hasta El Bolsón. Cuando el docente subió al auto, una corriente de simpatía inmediata se estableció entre los dos. Comentó  que  trabajaba con su esposa y colega, en un pueblito de la cordillera de los Andes, al norte de la provincia de Neuquén.  Lenta, espontáneamente ...Con trazos descriptivos y certeros habló sobre la educación; la pobreza en la región (la eterna y cosmopolita pobreza); las dificultades para dar clases a chicos que viven en lugares muy distantes; la soledad, el invierno y las largas caminatas de los niños para llegar a la escuela a través de la montaña y la nieve. Mas de una vez lo hacìan con calzados viejos y roídos, sin medias en otras, yt directamente en algún caso extremo,hasta descalzos...
-“ El nativo de la zona o Mapuche,( es justamente "gente de la tierra " por Mapu-tierra-  y Che –gente-) vive  disperso en toda esa aridez, combinando alguna modernidad con prácticas ancestrales que unos pocos intentan continuar hoy”, comentaba el docente en el viaje...
"Tienen un idioma particular que lentamente se va perdiendo en sus modismos, vocablos y frases" porque, como el maestro comentara:  “Parece que les da vergüenza hablarlo”.
Conservan  vestigios de su pasado como la "Machi " o bruja. Que  es  la " doctora ", con " poderes para curar ".
Contóluego sobre El Ngillatún o Rogativa, baile nativo que hoy se realiza en muy pocos lugares...Tienen su primer jefe o "Lonco "o cabeza, que es elegido por votación. " Todo ese regionalismo -explicaba el maestro- se va perdiendo "..." Cada vez quedan menos de ellos perdidos en el espacio amplio del Sur "... Desperdigados... ¿ De qué viven ? ¿ Cómo viven ?.. ¿ Cómo subsisten en el invierno con varios grados bajo cero y con nieve casi permanente ?. Sólo la rusticidad, la adaptación al medio lo explica. Y una selección temporal de los más aptos, que les asegura la sobrevida y la llegada a una vejez plagada de huellas...en su cara y el cuerpo. - ¡Qué lejos está la " Economía de Supervivencia " de ellos, de la realidad de nuestra sociedad de consumo!… Como ésta…  De trotar aquí en ropa de turista; pose de turista y actitud de maratonista-turista en vacaciones.
Algunos,  pocos,  pueden gozar de la " Tenencia Precaria " de sus Tierras, algo que antes no poseían...
Algunos sobrevivirán como peones rurales en las estancias de la zona. Otros harán su modo de vida de la Recolección de los frutos de la naturaleza. Irán  a los pequeños ríos, donde fonderán sus cañas de pescar para extraer el frugal " Salmón de Agua Dulce ", la Trucha amada del sur. El pescado más  delicioso  y uno de los más difíciles  de conseguir de la Patagonia..
También irán a  cazar  maras, zorros y gatos de la estepa. Buscándolos y apresándolos a través de los miles y miles de arbustos espinosos en que se esconden...  En esas tierras pobres, de vegetación xerófila y exuberante.
 En otros tiempos, ellos mismos fueron arrinconados, encerrados y descuartizados como los animales que pretenden cazar...
El oído se deleita con el romper de las olas sobre la playa y contra las rocas. Y  hace dejar aquellos pensamientos de lado. Todos los sentidos  perciben ahora con mayor atención lo que sucede aquí y ahora. La vista aprecia en plenitud  el reflejo - de a ratos dorado- del sol en ellas; con colores verde  musgo por el reflejo de la luz en los líquenes y las algas  pegadas a las piedras, que se desnudan  con la bajamar. ..  Las rocas parecen, entonces, como levantándose del mar. A  pesar del ardor en los ojos, que dificulta un poco la mirada, son grados de colores nuevos y diferentes.  Que se presentan nuevos y diferentes con cada parpadeo salino sobre los ojos...
Ni qué decir de las sensaciones del  olfato. Aquel olor a oxígeno saturando al aire del mar, le infla los pulmones que parecen que  estuvieran soportando que un globo se expanda dentro del pecho.
Y el oxìgenohace que la mente trabaje con rapidez. Llena su espacio de memoria con acontecimientos  vividos días  atrás cuando llegó a la pequeña ciudad de " El Maitén ", en la provincia de Chubut, después de atravesar con el auto unos treinta  kilómetros de ripio en la montaña.Un camino sinuoso con algunos precipicios suaves, ceñidos en la altura por inmensos y abundantes bosques de pinos.

En El Maitén, en medio del desierto patagónico, tiene su terminal el tren de trocha angosta más pequeño del mundo: con  apenas setenta y cinco centímetros de vía a vía, resultó ser  el más simpático de los trenes de este continente.. Como si fuera un fósil legendario, muchos vienen de tierras lejanas a verlo. Sin embargo, para el habitante de este suelo es un hecho común. Por eso es que  muchas personas  no llegan  a apreciar la magnitud de esta reliquia-.
Viajar desde El Maitén a Leleque, ( dos pueblos cercanos), y luego  volver en  ese simpático ferrocarril  fue extraño. Recorrer ese camino árido del Chubut,  semidesértico, rispido, y exótico, fue  algo asi " como estar sentado en un tren de los que se ven en las viejas películas del oeste norteamericano ".
El placer de ese viaje fue mayùsculo.. .Porque compartíò con su hija de doce años el primer viaje en tren juntos, en este país sin trenes…En  ese tren único en el mundo, cargado de historia y también de música  tocada por un parroquiano  que animaba a los viajeros...
Unos minutos después  bajó  de El Maitén.  Enfiló  el  auto por la ruta a Esquel, hasta que vio el cartel que señalaba la población  de  Cholila en el camino.
Cholila. ¡ Qué extraño y musical nombre!.  A principios de siglo, en el año 1903, por allí recaló con un  nombre falso,  el conocido bandido norteamericano "Butch Cassidi '' con su mujer y un tercer forajido. Los tres  llegaron huyendo de la justicia de Estados Unidos. Previamente, habían recibido del gobierno del Chubut  la concesión de unas 6000 hectáreas de tierra, con la finalidad de colonizar y explotar esos parajes.
Como en una película, siguió  más tarde recorriendo la ruta que va desde Esquel hasta Rawson, atravesando la misma provincia de oeste a este. Bajó  desde la precordillera hasta el mar.
La ruta allí está extendida a la par- casi como en un coloquio permanente- del  río Chubut.  El río  corre serpenteando sobre el costado izquierdode la ruta , formando un llamativo valle que pone un marco envidiable al noviazgo entre la ruta y el rio. En  la margen derecha del camino, aparecen de repente rocas espectrales, de grandes alturas, con tornasoles rojos de ladrillos fulgurantes.
Del lado izquierdo de la cinta asfáltica, contrastan el agua transparente y un poco 'amorronada' con los verdes álamos y sauces que hay  en la orilla del río. Ovejas y cabras acompasan el paisaje y la marcha. El viajero hasta se detuvo en algún   tramo del camino  para no atropellar a algun animal alejado del grupo.
El honbre està corriendo, mientras el acantilado al costado de la playa  lo mira pasar impávido. Y le devuelve como en un reflejo de bruñido espejo, su andar; el jadeo, la vibración desacompasada de la piel y la carne bronceada y con sudor de mar en cantidades.

De pronto vuelve a esta realidad: està corriendo en la playa  desde  Las Grutas hacia  el Norte.
Con la bajante que continúa, los riscos descienden hasta dejar de ser acantilados. Se convierten en un camino blanco,casi  una alfombra de arcilla, sílex y arena. Argamasa de minerales tapizados con sal, para entrar como una lengua petrosa en las templadas aguas del golfo... En ese lugar, el hombre comienza a sentir algún cansancio...del físico, pero no del espíritu. ...Ya no corre con las piernas, sino con la emoción y el reflejo de las olas en la sangre, que da alimento y sustancia a la carne. Tiene  la misma emoción de la mañana en que llegó a Punta Tombo con su hija, a conocer la reserva de pingüinos de la provincia de Chubut.

En aquella lengüeta de tierra de tres kilómetros que entra en el mar, le mostró una de las bellezas más atractivas y más tiernas en esas latitudes:fué cuando observó a Los Pingüinos de Magallanes, con riguroso  Jaqué gris.  Esta  especie  de patos torpes por su andar  en  tierra , que los chicos grafican con un: nson re-pavos para caminar ".
Los pingüinos más grandes, patos delicados que tienen tres, cuatro o cinco kilos de peso y simpatía, son vistos en La Reserva desde los meses de septiembre u octubre hasta marzo y abril.
Se acercan allí porque ése es su lugar protegido con permiso para el amor..Allí desarrollan  las actividades de cortejo e incubación de sus crías. Mandato ancestral de todos los tiempos. Allí  van a   noviar, formar una familia, tener hijos. Cada año por lo general vuelven y eligen la misma cueva o nido que la vez anterior.
¿Acaso hay algo mejor que hacer el amor en tierra firme, en una cueva especial para dos, aún a pesar de algún esporádico y consabido amor acuático, expeditivo?.
 Allí  le mostraron al turista -que ahora jadeaba en la playa semi desnudo por motivos diferentes a los pingüinos. (¿Cómo, por qué, y cuándo es más agradable jadear?)… En ese lugar los machos y las hembras se declaran su amor desplumándose; arrancándose las barbillas, los penachos, los plumones; desflecándose en parejas y expulsando a los terceros con picotazos..
Ese amor expresado en gritos ansiosos y arrumacos de pico a pico, termina varios dias después, cuando sus dos crías salen de la cueva… Se dirigen al mar para aprender a nadar en  innumerables  zambullidas, acompañadas por los padres.
 Observar como nadan los padres junto a las  crías en Punta Tombo, es el  resultado feraz y visible de tanto "peladero ", de tanto desplume hormonal.
Después se irán todos en pleno otoño al mar con las crias adultas, hasta las cálidas playas de Brasil durante el  invierno.  Vuelven nuevamente a la Patagonia en.la primaera siguiente a repetir el rito añejo de continuar la especie.
"Aunque no todos deben llegar "-pensó. Algunos van a morir al mar atrapadas por redes de pescadores o bajo  la  sutil, negra, infecta muerte gelatinosa provocada por  el encharcamiento ocasional en petróleo de muchos; lo que no los dejará respirar ni nadar...
Esta último pensamiento  lo shockeó.   Frenó  los  recuerdos; Abrió los ojos muy grandes:¡La muerte desapareció!! Estaba...en este lugar...( Uf!!)…. Unos cuatro o cinco kilómetros al norte de Las Grutas.
Siguió corriendo, rabioso, para aventar el pensamiento funesto de los pingüinos..

Ahora, el trote, el ardor del sol en la epidermis y la adrenalina, lo cansó. Se dedica  a caminar unos metros para recuperar la respiración; en la vista le tañían algunas campanadas de sal...
Miró hacia el mar donde una bandada de gaviotas, cormoranes, gaviotines, de  algunos patos grandes, y muchos flamencos, contrastaban con las golondrinas. Todas estas aves,  aún las más pequeñas, se desafiaban entre sí, y. reñían por el mejor lugar en la playa.
El corredor  está detenido. Examina. Prefigura cosas. En ese rincón del Golfo Azul, hay otro pequeño golfo dentro del anterior, donde se descubre un piso multiforme, una plataforma de color claro - amarillento. Tiene infinidad de canalículos de pocos centímetros de profundidad en la roca, pero de muchos metros de largo...
...Quién sabe qué mano de artista con cincel maleable, estético, los cavó en esa plataforma rocosa, que desde el borde superior de la playa, bajan suave hacia el centro del mar...
Son riachuelos en el piso; miles de ellos; centenares de ellos. Con infinidad de vueltas y terceduras para aquí y para allá. De este lado, por allí.
En el cauce de los canalitos,  cientos y miles de moluscos se apilan desafiando en conjunto con sus pequeñas resistencias  la fuerza del agua que los empuja hacia el mar. Se sostienen contra las pequeñas rispideces. Se adhieren unos a otros. Se alinean como soldados disciplinados, en cuña contra la corriente.
Las algas multifocales, policolores, se tienden y extienden entre ellos y a la par de ellos. Los abrazan. Los atrapan y  sujetan.
Los moluscos que se  mueran, con  el tiempo y con el mar a oleadas; con el sol, su energìa  y las sales  minerales que se depositen en ellos , se  transformarán  muy, muy lentamente, en Coralillos del Golfo. Quizás, éstos  no sean  de los más buscados para confeccionar rutilantes alhajas; no van a ser  los más solicitados en el mundo por su valor. Pero  están allí con su rara belleza.

El color pardo rojizo de los coralillos - los observaba exhausto y extasiado- trae  otro recuerdo  enhiesto en sus neuronas: es en la Provincia de la Pampa, días atrás.  En un paraje del desierto, entre la ciudad de General Acha y  Colonia Veinticinco de Mayo, enrojecido de arena, sol y falta de humedad.
En una laguna casi sin agua, a orillas del camino, vio a  un grupo de espectaculares Flamencos Rosados, alejados  unos cuantos metros de la ruta. Miró hacia ellos con sus binoculares, luego de acomodar lentamente con el zoom  de la lente. Miró  y tocó a  través de la lente las plumas; las patas largas y fuertes; sus cabezas, envueltas en los plumones rosados, magnifiscentes. Estaban arremolinados unos  a los  otros. Grandes y chicos. Padres y madres y parientes con sus crías; casi iridiscentes, mágicos , dueños de una belleza exótica y erotizante.
Miraban ellos también hacia el lado del ser humano que, azorado, murmuraba delicias encantadas por la apreciación visual.
Dio un respingo a su cuerpo que estaba caminando, semi-descansado, para empujarlo a seguir con el training...E  inmediatamente   hilvanó otro episodio, cuando en medio de esa Patagonia tan hermosamente árida, y en el mismo desierto, sintió el rigor del sol al mediodía,  rodeado de jarillas, entre  alpatacos...
El viajero estaba con el autoestacionado a la sombra de un Caldén,  para relajarse un poco  después de  tantas horas de conducir.. Oyó entonces en la radio a una emisora del lugar.  Transmitían mensajes de solidaridad a los habitantes de esos parajes... "Se comunica al Sr...del cañadón...que hoy viaja su señora. Que la espere a las diecisiete horas en el lugar convenido. Firma: Tal..."  o  " se comunica a la Sra...quien vive en el camino a Limay Mahuida, que su hija Ana ya se encuentra en perfecto estado de salud en su casa y que... Firma:...".
Oía todo eso mientras orinaba sobre el polvo apretado de la tierra que  mostraba unas  pequeñas flores,casi secas  por la falta de agua. Parecían  unas margaritas  compungidas y arrobadas en su crecimiento.  Al lado, una enorme hormiga  pasó desafiante.  Tenía más de dos centímetros de largo, negra,  con  alas Marrones.  Supuso que si viviera en África - según se cuenta, allí  las comen-   haría un suculento  banquete con varias de ellas . Imaginó una proporción considerable de proteínas y vitaminas en el plato. Apreciaba  entonces que vaya donde vaya, hay semillas de vida  que se presentan de una u otra manera:  en el océano, en el caldén del Desierto Pampeano; en los espartillos y  entre  los yuyos achaparrados, espinosos y curtidos. Es el mundo de los  insectos, pequeños y también gigantes.

Luego siguió corriendo  y soñando. Así  comenzó a evocar el atardecer más largo  que  haya apreciado en su vida.  Fue el crepúsculo más intenso. En  una ladera del Alto Valle, en el norte de la provincia de Rio Negro, al caer la tarde. El sol  bajaba  lentamente mientras jugaba  con la montaña y los  cerros. A diferencia de lo que se aprecia en el llano, donde el astro se esconde de a poco sobre la recta del horizonte, aquí se esconde limpiamente detràs de las montañas, en pocos segundos. El fenómeno va creando primero un tono dorado; después un ocre que alarga las sombras de los seres vivos y los cerros. El  dorado se apaga suave; va morando apaciblemente las laderas con todas sus pertenencias, como son los escasos àrboles,  las piedras o las ovejas que pastan en ella.
Al mismo tiempo en el cielo, las nubes, como en un intento último de atrapar la luz, se pintaron de violeta, azul y  de  grises que preceden a la oscuridad de la noche...

El hombre sigue  sobre la arena, jadeando asombrado. Quiere retomar la planicie de piedras que languidece hacia el mar. Después, de nuevo en la arena correrá más allá unos cuantos metros...Su corazón late, comprime sangre apresuradamente hacia las extremidades, por la exigencia de la carrera. Apoya los  pies en la plataforma. Los musgos verdosos, desparramados, con mucina y gelatina en sus miles de brazos filamentosos que pavimentan la pista, lo hacen patinar, trastabillar, casi hasta caer.
La goma de la suela, no hace suficiente calce en la enorme alfombra verde- oscura... Pero aún así camina sobre ella; se acerca cada vez más a los riachuelitos con las valvas, con  pedazos de toscas y los minerales milenarios.  Existen  minúsculas plantas entre aquellos: son  líquenes, que sostienen entre sí  y para sí a  infinidad de minúsculos bichitos, insectos y pescaditos opacos, que  lo miran pasar.
Vida entre la vida. Seres pequeñísimos, pluricelulares, visibles, pero impresionantemente  chicos...-“ ¿Es el Krill?... ¿Esto es?... ¿Ese alimento?... Es vida!!!  Debe ser eso!!! "- Se dijo  el hombrecito.
Se detuvo. Se agachó despacio. Levantó con los dedos índice y el  pulgar una piedra amarilla pequeña, en el centro del arroyito de su fantasía... ¿Qué hace allí esa piedra ?...piedra sobre piedra... ¡Rápido!, ¡Rápido!..., ¡Rápido!... Varíos cangrejos minúsculos, casi amarillos, casi transparentes, salen corriendo de allí abajo  con todo, sorprendidos. Angustiados y  despavoridos,corren  hacia otro refugio… ¿ Dónde hay otra roca ?...hay que buscar otra protección urgente!... No pueden estar desnudos por ahí, porque se quedarían bajo el objetivo de los certeros picotazos  y  las garras  de las aves que merodean buscando su comida.
Los cangrejos  han oído muchas veces de las crepitaciones de los caparazones rotos de sus hermanos.   Crujen estrepitosamente  al ser golpeados por los picos...Sus vibraciones se transmiten, sonoras, desparramando el miedo. Todos disparan de su lugar habitual. Muchas veces, huyen inclusive hacia la y
Unos metros más allá  hay  un molusco abierto  y  un cangrejo desarticulado, seco y roto; está casi partido en dos, conservado seco como una momia. Cerca revoloteaban los pájaros...
De tanto en tanto, las aves dan un grito, abren sus alas que se ahuecaban en contra del viento buscando impulso hacia arriba. Planeaban un instante en el aire. Después replegan  las plumas  y se lanzan en picada silenciosamente en su caída hasta el suelo. A pocos metros de la arena de la playa, estiran las patas como amortigûando la llegada y con picotazos potentes en los estrechos perfiles de los canalìculos se hacen del alimento. No entendiò por què, pero su instinto le ordenò que no tocara nada...
Allì se reacomodó haciendo pié entre los musgos jugosos  y enfiló hacia la arena nuevamente. Tomó aire sobre la playa, y comenzó despacio a correr...

 Ahora, los  ojos...Comenzó a refregarlos lentamente con el dorso de su mano transpirada, con más sal. Cerró los ojos con fuerza por el ardor. Cuando comenzó a abrirlos de nuevo, borrosamente  observó en claroscuros, el amarillo de las arenas entrefinas de...de...¿ Qué lugar es éste ?... ¿ No estaba en la playa ?...¿ Estaba soñando ? La bruma lo situó en medio de la senda tortuosa del cerro aquél... El cerro que lo hizo gozar y sufrir al mismo tiempo en unos mil trescientos metros de brusco ascenso; mientras aspiraba el polvo fino de color oro que molían a talco los caminantes que lo subían diariamente. Y estaban  las Lengas, aquellas Lengas que se erguían por metros y metros a la orilla del sendero y de las que se sostenía para no caer o retroceder en cada paso que daba  hacia arriba en elestrecho camino.
Las Lengas, las del Sur,  las de El Bolsón; disfrutadas ecuménicamente con la vista que se obtenía por el camino apretado del Cerro aquél..¿ Cómo era su nombre?¿Por qué lo llaman de esa manera tan rara?...El Cerro...El Cerro...¡ El Cerro Piltriquitrón!/  Asi es!!. Duro, sinuoso, polvoriento, escarpado. Bastante difícil para el caminante sin entrenamiento. Casi  vertical en algunas zonas,  en las que el montañista novato se sofocaba. Y todas esas plantas, hasta la cima, espectrales, " tan grandes, se mueven por el viento de la altura; parecen venirse encima de uno y aplastarte "...
Por momentos el cansancio cardíaco de la vertiginosa subida, lo hace dudar:  ¿ Volver o seguir?. Se acordó de todas las ramas, órdenes, género, familia y especie de insultos estériles. Evocó a las  madres de todas las lengas y todos los cerros de la Región…  y la " mierda, por qué subir?” y ¿ Por qué carajo no se quedó a probar las frutas finas en El Bolsón?. Comer cerezas, frambuesas, moras y glosellas que se consiguen  tan baratas  en las chacras”.  O bien   " estar en las aguas del Rio Azul, mirándolas "o" en Las Plácidas corrientes  del Lago Puelo.. .y desde allí oler la mansedumbre del Desierto o mirar la llanura hacia la distancia. Hasta donde, como dice una canción: "El  llano  se estira hasta tocar el Cielo”

En su desvarío, ahogado,casi  sin oxigeno, imagina cosas. Ve pasar  imágenes...En un recodo del Río Negro, casi ocultos,hay una colonia de Cisnes de Cuello Negro... Están conviviendo con patos de cuerpos de Color Gris, cuellos negros y con picos amarillos. ¿ Por qué ve todo esto en la fatiga de subir; en  la locura del cansancio ? ¡Descansen, patos y cisnes, aprovechen esos sauces del remanso, que con sus ramas profundamente verdes en vertientes, les dan sombra fresca !. ¿Por qué no hacemos nosotros lo  mismo?... ¡Pero… ya está allí! ¡ Llegó a  la cumbre, donde está el refugio de antigua y salvaje madera. En la cumbre mira hacia atrás, hacia el vacio, hacia abajo donde está lo profundo del valle. Hay  un  hilo de agua gris que sigzaguea distraído  en la distancia. Los álamos verdes, en fila, dibujan  miles de contornos enmarcando la densidad de los sembrados que se divisan desde el Piltriquitrón. Todo eso, delimitado por la majestuosidad de la Precordillera de Los Andes, que muestra  en los picos allá  lejos, la foto  austera y rígida de la nieve.
 En la cima toma aire. Descansa, No sólo su físico se recupera sino también su espíritu, que se aquieta.
... Y entonces los insultos del ascenso al Piltriquitrón, los casi desmayos por la falta de aire y fuerzas. La fatiga de la carne y los glóbulos, quedan olvidados ante la majestuosidad del  paisaje, de la creación..." Ah, si!!!. Y aquella bronca  y enojos del cansancio en el Cerro,ahora es:  “¡ Qué bueno haber llegado hasta aquí! .Gracias por tu belleza, Piltri".
En ese momento de éxtasis,   contempló  el valle en silencio  por un momento prolongado. En ese instante tuvo una momentánea visión del tiempo transcurrido ese año en su empresa: un año muy duro; de pocas ventas, sin créditos. Hubo que  correr permanentemente. Tomar decisiones duras.  Se disminuyeron  los costos rápidamente.." Tuvimos  que aggiornarnos a las cuestiones económicas día por día, esperar condiciones propicias, tomar actitudes nuevas. Endurecer posiciones en el terreno interno y ante la competencia ...Tratar de recuperar instrumentos de inversión; créditos;  bajas de los stocks". "Reponer; amortizar; discutir; exigir... "  pero... ¿Qué importa todo eso allí arriba, conectado con el cielo, con el aire y,  más que nada, conectado con el  interior...Como ahora en la playa. Que ya está acá  y sigue otro trecho….

Más adelante, se encuentra con un lobo marino destripado en la ribera. Llegó hasta aquí traído por la corriente y la fuerza de las aguas; o tal vez  él mismo llevó los últimos tramos de su  vida  hasta allí.  No tenía  mucho deterioro aún. Estirado en la arena con el salitre que lo recubría como un tul níveo, se mantuvo casi sin putrefacción.
Lo poseyó una  extraña sensación. Mezcla de lástima, asco por el cuadro que presenciaba  y decepción por aquella muerte. Seguramente alguna pelea fiera y brava lo deshizo por el vientre. Tal vez las toninas y las orcas, que se hacían ver cerca de la costa  de tanto en tanto, completaron el hecho. O ellas mismas, por jugar, o por sobrevivir, causaron aquella muerte que ahora estaba allí, visible a los ojos del visitante: el lobo marino con la panza abierta  a  la  espera de  los comensales que se ocuparán de hacer desaparecer el cuerpo bocado tras bocado...
¡Qué plenitud y extensión la del Sur, la del Mar de La Patagonia; que quién sabe dónde; en qué latitud, y a qué profundidad, dejaba ocultos y sin castigo a sus asesinos...!
Pero asì es la naturaleza  que brinda estas pequeñas historias. En realidad, sólo se entremezclan en una cadena de vida, unos la dan y otros la toman, como en una batalla en el Circo Romano.
 Una nube tapó el sol en ese momento, y opacó la visión del animal que yacía en la arena. Luego la nube descubrió el sol nuevamente al irse empujada por el viento. El hombre sintió el calor otra vez  de improviso; lo golpeaba y le  comprimía en los hombros. El fuego en la espalda  obligó a retomar la carrera hacia la ciudad. Estaba demasiado cansado  y decidió regresar; yendo y viniendo habría recorrido unos seis o siete kilómetros por la orilla del mar,màs de la mitad trotando y el resto a paso rápido...

Mientras  volvía  satisfecho, comenzó a preparar mentalmente lo que sería su próximo ejercicio  en la mañana siguiente  por la playa.  Esta vez  correría del otro lado de la ciudad de Las Grutas, hacia el extremo sur del Golfo de San Matías.
..." Pasarè a la mañana temprano, cuando el sol estè débil todavìa,  de un extremo al otro de la ciudad, debajo de los  balcones acantilados, donde el turismo aquieta sus aflicciones mundanas".
 "Irè hacia el subyugante granizo rojo de más de cuarenta mil años- Las Piedras Coloradas - donde  se enseñorearon dinosaurios fulgurantes. Donde la roca colorada  en forma de península se adentra  en el mar. Marcharé con soltura de gólgota encima de la arena blanda, fina y ruidosa  cuando el viento la levanta y la arroja sobre las piedras,como marcando el ritmo de una canción milenaria...”
Sí recorría esos cuatro kilómetros que existen desde la ciudad hasta las Piedras Coloradas con lentitud y soltura, eliminaría toda la energía  negativa que le quedara como resto de sus últimos días de vacaciones.
 Llegará  más tarde, al Subsuelo aquél... El Subsuelo;  o  el "Sótano"  como le llaman los lugareños:  una zona baja de  piedras, riscos y algunas matas de pastos  ásperos al tacto, de verde tachado, que haría palidecer a aquellos que descreen de ver crecer hierbas  en el salitre.  Todo esto  aparece  cuando la bajante se produce, mostrando la razón del nombre de ese extraño lugar:  todo está encuadrado  por un zócalo pétreo de aproximadamente  cuarenta  centímetros  alrededor, de manera que hay que descender por debajo del nivel normal de la playa.

En el sótano encontraría  a los rústicos paisanos descendientes por generaciones de los primitivos Mapuches o Araucanos de la zona, habituados a vivir del mar: los "Pulperos ". Oscuros, de piel dura, ennegrecidos por los soles a pleno de muchas Jornadas.  Con la piel escarchada, con sus emolientes naturales, es siempre impactante verlos hacer su obra.
Los Pulperos están casi siempre en El Sótano esperando  la bajamar.Con agudos ganchos de hierro de punta afilada en sus manos. Por momentos se los ve en una actitud de espera, en calma, en equilibrio sobre el pisopedregos , descalzos, prendidos como babosas por sus extremidades mugrosas y con cascarrias.  Después corren, saltan de piedra en piedra, de a ratos se acuclillan sobre ellas. Van levantando algunas piedras con rapidez; desnudan el hueco que las contiene y con un golpe certero , prenden en la  punta afilada del hierro  a algún pulpo, o dos o tres a la vez. Los bichos marinos son sorprendidos agazapados, confiados en el  refugio natural de las rocas. Semidormidos por la falta de luz, reaccionan un segundo después  que el acero les penetra en  el cuerpo. Las  extremidades se mueven con estertores  eléctricos.  El  dolor busca desprenderse del armade caza tan mortal… La púa les desgarra las carnes y luego los eleva raudamente a una lata o un balde  donde serán sacrificados . Tal vez alguno  llegue  semivivo a la ciudad, donde los llevarán  para mostrar la frescura de los frutos del mar a los ocasionales compradores…

Ahora el Viajero está llegando  a la ciudad de regreso de su raid,  cansado.Pero sigue   calculando  la posibilidad de superarse más todavía en el próximo día..
." Entonces, si llegaba hasta El Sótano  y le quedaban fuerzas  para seguir corriendo,  o al menos caminando, llegaría después  al Cañadón de Las Ostras.  Podía acceder al Cañadón  por la playa, a pie desde El Sótano.
También  podía llegar por un camino de ripio, por arriba de los acantilados, pero  en auto, atravesando los médanos verdes  plagados de una vegetación rústica:  chañares, piquillines y otros  arbustos xerófilos que tenían hasta dos o tres metros de altura. Entremedio de ellos, ocasionalmente se podían ver a  las  maras  patagónicas,  los ñandúes, los guanacos, y los pumas y zorros  que al menor ruido se perdían entre los espinares.
Si llegaba al  " Sótano”con el auto, después caminaría o correría hacia el sur para hacer sus ejercicios matinales. A dos kilómetros de El Sótano, luego de un recodo abrupto de la barranca, el Yacimiento de Ostras quedaría a la  vista...
 En la roca de esos acantilados  se depositaron durante centenares de años, una enorme cantidad de Moluscos. Hoy sobresalen por sus formas características y variados tamaños. Recibieron durante ese tiempo  sales calcáreas,  que  les fue adosando espesor, volumen y rugosidades. De allí el nombre de “Cañadón de las Ostras". Transparentes en parte, cristalizados, los moluscos   estuvieron depositados en este enorme yacimiento durante cientos de años. Hasta que llegó el ser humano…Éste,  lentamente  las recoge  como recuerdo de su paso por el lugar, dejando sobre la roca el espacio hueco impreso de la concha.Un vacioque es una señal inequívoca del robo efectuado a la naturaleza.

Mientras calculaba lo que sería el  próximo día de ejercicio,  su cuerpo  al borde del agotamiento, llegó a la ciudad. Subió, con esfuerzo , las escaleras que van  desde la playa a la vereda costanera  elevada, perimetrada  con un cordón de cemento blanco y ondulado. Por hoy ya es suficiente...
En la altura, desde los últimos peldaños del ascenso miró hacia atrás. Contempló  cautivado, la inmensidad del Mar Azul del Golfo: tan manso, tan ancho.Como la enorme extensión de la playa que muestra  la  bajamar.
...Y él, apenas un punto mínimo de la geografía; absorto, pálido, mustio… tan pequeño.


ESTA MAÑANA TE  AMÈ DE NUEVO

Fue de manera inexplicablemente silenciosa,  acuciado por tu cansancio extremo producto del trabajo del dìa anterior.
Recorrì tus contornos,  placenteramente fràgiles a esa hora e inconfundiblemente vivos y fuertes en otros momentos.
Esta mañana te amè de nuevo mientras vos estabas comprensiblemente dormida.
Mis manos, casi siempre arteramente groseras, eran plumas de colibrì aleteando como en descanso sobre tus rebordes òseos, sobre tus contornos musculares, sobre tu piel tibia.
Recorrì con caricias la voluptuosidad de tu desnudez y las marcas de tus lunares, en los que depositaba besos con la punta de mis dedos como si fueran gotas ìnfimas de una llovizna suave y persistente.
Observè tu cara plàcida y sonriente en el momento que precede al despertar y volvì  a acariciarte mil veces, en medio de mi algarabìa sentimental.
Mi corazòn estaba encendido,  màs que mi piel.  Recordè entonces innumerables imàgenes de otros momentos de felicidad . Conjuguè con ella los dolores pasados, las viejas angustias, los  infaltables momentos de  desencuentros, borrados de golpe por este retoño nuevo de felicidad.
 Ahora atrapo las horas y los momentos màs plàcidos,  los deposito en vos a travès de mis arrumacos, mi  mirada inagotable que recorre tu rostro y mi aliento en tu cara, hoy generoso de pasiòn calma.
La felicidad es escurridiza, pero acabo de atraparla en la breve distancia que existe entre los arabescos que despliegan mis dedos y la visiòn pictòrica que vislumbran mis ojos. La felicidad esta allì; enfrente mìo; al lado mìo, en mì.  Tiene  forma de mujer  dormida... La felicidad es mi mujer.
Esa mañana te amè. Sòlamente  con las  manos y con la mirada. Respetè tu cansancio. Despuès me levantè  lentamente, sin ruido y como muestra de mi amor, sencilla y humildemente preparè un desayuno.
Te recibì màs tarde con el cafè, vos estabas caminando semidespierta  pero con estrellas en los ojos. Despleguè  otra caricia suave por tu rostro y luego  murmurè  un "buen dia" y un "te amo"...


GUSTAVO FERNANDO FARRONI 
17 de Mayo de 2015
             


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     ELLA NUNCA CONFIÒ EN ÈL... ( CRÒNICA SIMPLE DE UNA RELACIÒN COMPLEJA)
No hubo manera. Todo el tiempo que permaneciò  a su lado en esta nueva etapa de pareja,  Ella desconfiò de Èl.  Siempre.
 Habìan  tenido otra oportunidad fallida en el pasado  en la que Él la abandonò.   Pero ahora la respetaba.  Nunca intimò con otra mujer mientras estuvieron  juntos en  ese año que durò la relaciòn.  Èl  confiaba plenamente  en Ella, pero Ella no confiaba en Èl.  Hacìa nada màs y nada menos que cuatro dècadas que se conocìan, porque eran amigos desde la adolescencia.
Ella comenzò la relaciòn preguntando cosas de su pasado  a los pocos dìas del reencuentro.  Siguiò  revisando la agenda  de Èl de punta  a punta,  con permiso al principio. Preguntaba  por  cada nùmero de  telèfono  con nombre de mujer;  o que se pareciese a un nombre, a  un  perfume,  a  un  aroma o a  un sonido de mujer. Al principio parecìa  un juego  - un  juego que Èl dejò hacer porque parecìa  divertido-  pero  Ella no dejò ni un sòlo nùmero de telèfono de fèmina sin inquirir quièn era o què sentido tenìa en sus registros. 
Despuès  continuò  revisando los  celulares  desde el principio hasta el final;  borrando cuanto nùmero de telèfono de mujer  haya tenido una  mìnima relaciòn con la  vida de Èl en el pasado... Que eran de su pasado ademàs .  Tuvo que cuidar con celo  que no borrara algunos contactos de trabajo.
 En ese tiempo inicial Ella se encargò de recordar  con  ènfasis (casi a diario ) que no se refiera a...,  ni se  relacione màs con cuestiones de... - entiendasè mujeres -  a no ser por estrictas  razones laborales.
Muchas veces Ella pedìa autorizaciòn para actuar... Pero tambièn  aprovechaba los momentos de descanso  y  se levantaba sigilosa en la noche y hurgaba la  agenda, los  telèfonos, los papeles. Despuès  continuò  con la  computadora portàtil de Èl... Y marcaba  errores, al principio con dulzura,  pero con firmeza. Con el paso de las semanas la dulzura fue quedando atràs;  ganò la firmeza.  Ahora,  con enojo,  con enjundia,   decidìa lo que Èl  tenìa que escribir o decir  para no herir su sensibilidad de mujer.   Una vez   (una sola!) Èl  puso un " Què lindas piernas" en Twitter y el mundo estallò a su alrededor . Y por varios dias...
Los  saludos naturales de Èl al mundo de las fèminas  en la Red, cuando estaba sin pareja,  eran:  "Hola, gracias, besos" .   O:  "Cariños".  Pero esos saludos  se terminaron cuando ambos estaban  de novios  porque esas frases  molestaban sobremanera a Ella. Entonces comenzò   a escribir de manera màs  formal y solemne y a saludar con un  " Hola. Gracias, suerte". O : " Èxitos!" . Aquellas palabras cariñosas "la humillaba" decìa.
Continuò  mas adelante requisando   todas las  pertenencias:  el  guardarropa, la  casa, su  ropero, los libros,  las  sàbanas, las  toallas, el neceser ,  las  intimidades... Deseaba investigar todo; conocer a fondo su vida.  Daba vueltas y vueltas en bùsqueda de algùn indicio probatorio de deslealtad  o de  infidelidad, o  de falta de compromiso con la pareja.
Èl  se dijo a sì mismo  y le dijo en alguno de esos dìas:- " No se puede construir nada importante con tanta desconfianza ". Fue en esos dìas tambièn, que dijo que " Asì,  los amores estàn condenados a fracasar. Son amores  a plazo fijo."
Èl  le presentò  todas las personas posibles de su entorno, para limar su desconfianza.  - "Mi mujer, mi pareja, mi compañera"  les decìa.  Pero Ella seguìa sin confiar.  Porque era eso: desconfianza confesada por Ella misma; desconfianza e inseguridad  declamada. No eran celos.
Hasta ese momento no existìa  ningùn hecho real que demostrara que Èl se relacionaba con otra mujer...Pero igual  Ella lo atosigaba con preguntas inquisidoras;  con directivas sobre còmo actuar en la vida de relaciòn con las mujeres; o què decir con ellas...Y continuò revisando su agenda , su celular...Violando permanentemente la intimidad de  Èl.  Lentamente,  el caràcter del hombre comenzò a modificarse.
Ella era un "Taladro verbal continuo" que mencionò  - como reproche- unas treinta veces contadas y registradas  a la mujer por la cual Èl  la abandonò en el pasado ...Cuando tambièn  Ella - que estaba en pareja- habìa decidido no separarse.  Tambièn  nombrò a modo de reconvenciòn  por  unas veinte veces contadas a la pareja anterior de Èl , sin ningùn motivo especial. Sòlo para recordar que no se debìa acercar a ninguna de las dos por ningùn motivo. Ademàs  mencionò a otras ex-novias, que no venìan  en caso...Estaba inserto en Ella molestar una y otra vez. Regañar para advertir y  alertar, evitar la proximidad de alguna mujer.
Un dìa Èl advirtiò amorosamente - Por escrito y verbalmente-  que tanta inquisiciòn y tanta reprimenda como si fuera un chico  lo estaba saturando, cansando...angustiando...Usò esas palabras delicadas...Aunque pensò decirlo con  otras palabras sumamente groseras.
 Ella observaba todas las actitudes  y generalmente  anotaba los errores de Èl. Miraba atenta en què  se equivocaba y le nombraba permanentemente los yerros ... Pocas veces mencionò las virtudes  o  aquello que  hacìa de bueno  el Hombre por Ella. Y de ese accionar,  el hombre la ponìa en el primer plano todo el tiempo en todos los lugares ...Nombraba  el nombre de la mujer  màs veces que el propio nombre.  Descuidò sus deberes por darle màs tiempo a la relaciòn.
El amor habìa comenzado como en todas las parejas: los dos sentìan que volvìan a la vida plena con el amor mutuo, profundo...Y vaya si lo sentìan.  Ambos perdìan la nociòn del tiempo en cada encuentro, donde la ternura inicial  desembocaba en momentos  de intensa pasiòn.  Y despuès, el sueño  donde Ella  en la plenitud de la noche o en la madrugada, atrapaba con sus piernas  enroscadas  el  torso del hombre ; o la cintura, o las  piernas..Fuerte, muy fuerte!
Casi siempre  lo apretaba muy fuerte - dormida-  como si quisiera retenerlo;  parecìa atarlo para  que no escape...Algo que a  Èl le llamò  mucho la atenciòn... Parecìa un acto reflejo que practicaba generalmente cuando estaba dormida . .. Resabios de alguna pèrdida en el pasado quizàs?
 Pero muchas  veces  el reto o  el reproche exagerado hacia alguien  causa un  efecto contrario al que se busc a...  Porque un dìa Ella encontrò (Era  constante en revisar dìa por dìa ; hueco por  hueco; renglòn por  renglòn) una nota, un correo electrònico.  Era una carta de cariño a un amor pasado....  Sòlo era una nota de  añoranza por el pasado con su mujer  anterior, porque  nunca la vìò en persona.  Resultado  acaso de tanto reproche y tantas advertencias,  volviò el recuerdo a notas amorosas del  pasado, allì donde  su relaciòn  fue calma,  amorosa, distinta... El  hecho concreto  en sì mismo era ese:  nunca pasò de ese correo.-"La extrañè"  dijo  Èl.   "Tanta  persecusiòn me hizo volver la mente y el corazòn atràs se justificò màs tarde"... 
 Fue un error, claro!... Èl no  debiò  hacerlo!  Eso no estuvo correcto!   Y allì el mundo volviò  a estallar alrededor suyo. Esta vez con màs estruendo y por màs dias! Entonces Ella redoblò  los  esfuerzos persecutorios...Investigò màs.  Buscò,  preguntò;  llamò a aquella  mujer. Querìa saber què pasò entre los dos...Lo  siguiò sindescansar  como un perro de caza  huele y persigue  a una presa.  Usò toda la tecnologìa disponible.  Lo  perseguìa y cuando le preguntaba donde estaba , Èl  no podia errar ni un milimetro porque Ella  seguìa   su  ruta  a travès  del  celular y de la  computadora personal.  (Bendita Tecnologia!!).
Intento cooptar su  vida. Quiso eliminar - y eliminò! -  todas las fotos, los nùmeros  de  telèfonos, los  nombres de mujeres  que estaban en el pasado.  Controlò las cartas tradicionales y los correos informàticos ; el  celular,  las agendas, las  reuniones.  Y no menciono las preguntas....  Preguntas  repetidas hasta el cansancio y de varias maneras.  Cuando Ella  se obsesionaba con alguien (mujer) cercana a  Èl  por cualquier motivo, lo torturaba con  preguntas sobre ella. Una y otra vez, una y otra vez...
Ella se autodeclarò  Obsesiva e Insegura.  Tras unas horas de placer, de amor, de conducta amatoria perfecta, aparecìa su inseguridad manifiesta y  detràs   la inquisiciòn aguda  de nuevo...Y  la  inquietud y malhumor de Èl que empezaba lentamente a hacer efervescencia...
 Èl volviò  a advertir ( menos amorosamente ahora ) que se estaba cansando. La  cabeza por  momentos parecìa  explotarle . Una congestiòn cerebral por exceso de preguntas y desconfianza le quitaba las energias positivas.  Lo  volvìa  de mal humor,  cansado, angustiado. Perdìa la capacidad de concentraciòn. A medida que pasaban las semanas y los meses,  se llenaba de energìas amargas; biliosas; negras...
U n dìa Èl amagò con terminar la relaciòn...Fue cuando  Ella le dijo por escrito , abiertamente, que·"Luego de enterarme del correìto a tu ex en el mes de noviembre, pensè: Te voy a hacer los dìas miserables ...Picàndotè el cerebro cada vez que pueda..Lo logrè?  Un `poquito no?..." Y vaya si lo hizo!...Tambien por esos dìas la mujer maldijo reiteradas veces  el dìa en que lo conociò a Èl...
En realidad la obsesiòn y la inseguridad de Ella estaban trabajando-, taladrando el cerebro de Èl desde mucho antes. ... Asì   estallaban las peleas, una y otra vez. Una y otra vez; una y otra vez.. Hasta que las palabras  amantìsimas del principio se convirtieron lentamente en frases violentas. Cada vez màs duras.
Ella lo azuzò  permanentemente  con su desconfianza.  Dijo de Èl  los epìtetos màs terribles que nunca habìa escuchado , porque emitìa juicios durìsimos  todo el tiempo: "Egocèntrico, cìnico, perverso, falto de empatia, demandante, agotador, mentiroso". Decìa  que se sentìa humillada todo el tiempo.
 Èl se  convirtìò  en algo que  nunca habìa pensado ni sentido: un tipo vulgar, odioso. Aflorò lo peor de su personalidad: comenzò a menospreciarla como respuesta a la persecusiòn y descerrajò  algùn insulto hacia la mujer.
Por esos dìas Ella  dijo que estaba en medio de  una relaciòn  enfermiza que solo le trajo sufrimientos...Que Èl era tòxico.  Que  no  la  valoraba.  Pero... ¿Por què no rompìa la relaciòn si estaba tan esclarecida?  ¿Si estaba tan  convencida que no podia seguir adelante, que razòn enfermiza  la obligaba a continuar con  Èl?.  Pasaban los dìas y la angustia, la desazòn y el malestar crecìa en ambos.
Cuando Ella se enojaba  perdia el control de las palabras. Reconociò  varias veces  ser mala y vengativa. Y a habìa dicho ser  muy insegura, lo que  la volvia cansadora, pesada, obsesiva. Perseguida por la fatalidad y los demonios,  se transformaba en   perseguidora hasta el hartazgo.
Cierto dìa se enojò con Èl porque habìa saludado a una mujer "con cara de gato" le dijo. Era simplemente una mujer bonita ...Y la esposa de un amigo. Pero a  ese reproche Ella lo introdujo en varias conversaciones...Y asì otros tantos reproches parecidos, otras muchas peleas sin sentido.
Decìa que Èl no  la amaba "como Ella querìa"...En realidad tenìa ese ùnico modo de amar: " Como  querìa Ella". No le importaba como concebìan  o entendìan  el amor las otras personas. Debìa ser a su manera: con  el control de la pareja y de los tiempos y espacios  a su voluntad. Ella no toleraba que Èl fuese independiente  y  se mueva con libertad.
 En ese momento Èl descubriò que era conveniente marcharse de su lado. Pero  sentìa algo en su interior que lo detenìa...Era el amor todavìa?. No obstante un  cierto recelo interior lo conmovìa , lo desgastaba, lo llenaba de  ansiedad y de angustia  cada vez que discutìan.
Ella comenzò a  decìr  de Èl  que  no habìa cambiado. Que no habìa madurado con respecto a la relaciòn que mantuvieron  en el pasado. Que era un mentecato de aquellos.
 A medida que pasaban los dìas Èl comenzò a fumar.  A tomar un poco màs de alcohol cada vez, a comer en demasìa.  Algunas noches necesitaba algùn sedante para dormir, o unos tragos de alcohol. Entonces Ella dijo en algùn momento: - "si me querès, tenes que abandonar el alcohol, el cigarrillo, y por supuesto todo contacto con mujeres de cualquier tipo", (que por esos dìas no estaban ni siquiera  en el imaginario de  Èl).
En honor a la verdad, el tiempo de estar juntos se habìa agotado. Las peleas  continuas agotaban el tiempo de estar juntos y disfrutar.  Lo meritorio de ambos  es que a pesar de las peleas, seguìan en pareja  tratando de  llevar la relaciòn a buen puerto  a pesar de las continuas zozobras.
Pero un dìa Èl tomò la decision, con dolor. Primero hurgò  mucho  en el  interior escudriñando sus  sentimientos reales.  Se preguntò:    "La amè, pero:  ¿La amo todavìa ?";  O  " es una obsesiòn que se mantuvo en mì  todos estos años?".  Allì el hombre de tomò en cuenta que ya no lo retenìa  ningun  àpice del intenso amor que tuvo por la mujer. - " Muriò...Siento que muriò..No hay màs ...Matò  mi amor  con tanta desconfianza, con tanta pelea"...  Comprendiò ademàs por què no podia amarla como Ella queria: Imponìa  demasiadas condiciones que no cumplirìa, aùn querièndola exageradamente. 
La mujer  poseìa una personalidad dominante, posesiva.  Y al hombre  no le interesaba  ser un  "dominado"  o un  esclavo.  La mujer nunca  reconocìa  sus propios errores. Y  el hombre  estaba cansado de reconocer los que Ella le señalaba de continuo... No tenìa màs ganas de ponerle ganas a estar juntos.
Las continuas requisas e inquisiciones que violaban su intimidad lo cansaron  sobremanera. A la vez  no se explicaba como Ella tenìa la autoestima tan baja para humillarse a sì misma con tanta persecuciòn...  Si hasta llamò a otras mujeres para preguntar e investigar que relaciòn tenìan con Èl...
Un dìa su  paciencia llegò al  punto exacto en que la  razòn comprendiò que  no podia retroceder.  Las peleas eran cada vez màs  frecuentes y violentas desde lo verbal,  una relaciòn enfermiza  para ambos que no se interrumpìa...Y  ya estaba màs que claro  que con desconfianza  no se puede construir una relaciòn duradera.   Ese  dìa la sinrazòn mato a los sentimientos,  ahogò la pasiòn, el deseo por los encuentros.
En realidad el hombre tuvo  que emborracharse un poco para juntar coraje y pelear   - de muy mala manera  - con Ella.  Entonces Èl se  fuè;  àspero. Insultando, agrediendo mal, tirando vasos, golpeando puertas, maltratando ...Pero sobreactuò  el final...  Porque ya  no querìa darse - ni darle-  lugar al arrepentimiento o al llamado para el regreso y a volver a empezar  como hicieron  tantas veces.
Cuando Èl conto la separaciòn  a sus amigos y amigas, todos  preguntaban: - "Como aguantaste tanto tiempo?...  Contestò:  - "Porque la amaba mucho.. Pensè que todo iba a pasar...Hasta que sus reproches continuos mataron mi amor de tantos años...Por algo suceden los hechos,  por  algùn motivo ..." y finalizò dicièndoles: "Al  principio me hacìa perder la nociòn del tiempo. Despuès descubrì que sòlo perdìa el tiempo" .
Dìas despuès de la separaciòn Ella le  volviò a decir  en un mensaje que Èl era una persona tòxica. Que ahora  estaba en paz y liberada. Le daba las gracias por el abandono...Nunca habìa querido ser victimaria de la pareja... Ahora era la vìctima... ¿ Feliz y liberada...?
Èl mientras tanto, comenzò a descansar mejor;  dejò el cigarrillo de repente. Tambien se sintiò  en paz.  Y sin ningùn esfuerzo abandonò el alcohol por completo... Sintiò paz interior y razonò que no tenìa que gastar vida ni esfuerzo  con quien no lo merece..
Ella no confiò nunca en Èl,  desde el principio de la relaciòn.... Y El  aprendiò  con el avance de los dìas, de las semanas y de los meses,  que tampoco se puede confiar en una  persona  insegura como Ella.
De esta manera sencilla y absurda, terminaron cuatro dècadas de encantamiento mutuo.

                                                                                                                                     MARZO  2016





“FELIZ CUMPLE”
          
-Cuando vi al hombre parado de repente frente a mi, bastante grandote,
tan enorme que parecía un oso, me sobresalté.
Yo estaba ojeando un apunte de la librería, al lado de la puerta de salida. Sentía el ruido del viento sobre los fresnos de la vereda cruzando las ramas y sus hojas, que llegaba a mi como una onda placentera,  mezcla de frescura y erudición.
Levanté la vista en el momento justo en que tomaba un libro de García Márquez en sus manos. Lo miró entre reflexivo y alegre. Luego, lo  sostuvo con la mano izquierda como al cáliz y a la copa en la plegaria de la Iglesia.  Con la mano derecha hizo algo así como agarrar con la punta de los dedos un beso de sus propios labios; luego lo depositó en su mejilla izquierda primero y luego otro en la mejilla derecha. Y un beso más en la frente, de manera tal que aquello parecía una auto- bendición sacerdotal urgente y cómoda.
Con alborozo (lo vi primero en sus ojos, luego en sus movimientos y por último en sus palabras)  dijo:
-Me amo,  me quiero mucho. Hace treinta y nueve años hoy que me quiero con locura. Por lo tanto me regalo este libro.  Para que afecte con deleite a mi espíritu en los treinta y nueve años que acompaña a mi cuerpo;  para que festejen toda la edad que se amontona hoy en mí.
Al rato, no lo vi más.



FARRONI GUSTAVO (CLASON/ STA, FE)




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                                              “ MARÍA ELENA WALSH, NATI  y  YO”
Tiempo  atrás me invitaron a  dar una  pequeña  semblanza  sobre María Elena Walsh,  en una Biblioteca Popular  de la ciudad de Las Rosas (Provincia de Santa Fe) . La charla era en el marco de una jornada literaria, donde varios escritores exponían trabajos propios y algunos músicos locales intercalaban su producción.
Comencé, como es de rigor al trazar  una pequeña biografía,  comentando  las fechas de nacimiento y muerte de la poetisa:
“Nació en Ramos Mejía, Provincia de Buenos Aires , el 1º de febrero de 1930. Murió hace poco tiempo, el 16 de enero del  2011 a los 80 años de edad.  Era hija de madre argentina  y padre  irlandes. Su papá  tocaba muy bien el piano,  de allí que recibió una influencia musical importante desde muy pequeña”.
En síntesis, dije después que “ M. Elena Walsh fue la mujer más importante de todos los tiempos en su género: escritora, poeta,  compositora, cantante,  música, dramaturga. Su poesía y su música estaban indisolublemente ligadas  a la niñez.  Puede decirte con justeza, que fue un ícono;  un  blasón de las infancias como se la reconoce aquí y en muchos países.
Se dice  de ella que era una chiquilla tímida, pero rebelde. A los 15 años apareció su primer poema en una revista, y comenzó a  escribir en el diario La Nación.  A los  17 años publicó su primer libro:  “Otoño imperdonable” que obtuvo  el segundo premio  en un concurso Municipal.
Creo  que la mayoría de nosotros  hemos  conocido  sus canciones .  Sobre todo las que escribió a los chicos: “ Manuelita” ,  “El Brujito de Gulubú” , ” El reino del  revés”  ,  el “Twist del Mono Liso” (Saben…Saben  lo que hizo?), entre muchas otras.
Además compuso canciones  para adultos plenas de contenido. Pueden citarse: “Como la cigarra” ; ” El valle y el volcán”;“Serenata para la tierra de uno”; “ Canción de caminantes” ; “Oración a la Justicia”. Su discografía reúne más de veinte discos en total.
Por el lado de la escritura, publicó más de cincuenta libros, entre ellos  ” Dailan KIfki”  y  “El reino del revés”.
Integró un dúo folklórico con Leda Valladares ( a la sazón,  su pareja en la vida ). Ambas recorrieron  un gran número de países,  llevando como estandarte a nuestra música popular.
Cantantes muy importantes interpretaron sus letras:  Mercedes Sosa,  Jairo,  el  Cuarteto Zupay,  Luis Aguilé,  Rosa León,  Juan Manuel Serrat, entre otros.
A pedido del  Presidente Argentino Raúl Alfonsín integró  el  “Consejo de Consolidación de la Democracia”  ( desde 1985 a 1989) junto a otras personalidades. La finalidad de esta comisión era defender y consolidar la incipiente democracia , que había recomenzado en 1983 y que estaba siendo jaqueada tempranamente por sectores golpistas”.
Hecha esta corta biografía de la insigne María Elena Walsh,  conté después  qué es lo que representaba ella y sus canciones para mí…
Yo me divorcié joven,  a los 30 años,  cuando tenía una hija – Natalia - de cuatro años de edad. Ella se fue a vivir  con su madre a la ciudad de Rosario, a casi 100 km de distancia del pueblo donde vivíamos  entonces. Yo la visité siempre.  Inclusive la buscaba permanente para traerla conmigo fin de semana por medio.
 En el trance de aquellas  vicisitudes, un día de esa época compré un” casette”  (música grabada en una cinta, para los más jóvenes) con canciones de María Elena Walsh.  Sus letras y la música de  aquellas letras,  nos acompañó a los dos en muchas noches de tristeza   – disimulada - por la familia perdida…
Cuando  cantábamos  juntos – María Elena Walsh, Nati  y yo -  teníamos fortaleza  para alejar el dolor y reírnos mucho.  (Saben…Saben lo que hizo el famoso Mono Liso?…  Nos trajo paz  y sosiego en la medida que escuchábamos sus canciones una y otra vez;  una y otra vez; una y otra…)
De a poco se fue originando  una especie de “rito” entre Nati y yo.  Esos “ritos” culturales o mojones que son necesarios para marcar principios y finales  insoslayables en nuestras  vidas. Yo comencé a vivir de nuevo.  A  alejar  el desamor…A medida que mejoraba, podía  estar más comunicado  con mi hija, y amarla  más.
Hoy, un cuarto de siglo después,  - Natalia  es adulta y  yo soy  un hombre maduro -  le conté lo sucedido  a  Nati , puesto que no estuvo presente esa noche  en la Biblioteca.  Sonrió al escuchar.  Le brillaron los ojos y me dijo que “Hoy sigue oyendo, como lo hacíamos en el pasado, las canciones de María Elena Walsh ”. Por supuesto que nos abrazamos y lloramos los dos.
 Amo a María Elena Walsh.  Le agradezco  profundamente por  regalarnos un poco de felicidad en un momento tan especial de nuestras vidas.

                                      Gustavo F. Farroni .    En Clason (Provincia de Santa Fe)  en Julio de 2012

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“LAS  VACACIONES  QUE  TE  DA  LA  VIDA”

En  realidad  yo creía que no me iba a morir nunca. Por eso cuando  llegó mi turno, unos segundos previos a la muerte sentí un poco de temor. Sufrí un ahogo pasajero y sentí mucho frío… Pero fue un miedo sereno,  si es que  se pueden clasificar los miedos en esos instantes.
Ahora estoy  así, (descansando) en algún lugar, sin darme cuenta en donde estoy.  No existen sombras  y no tengo necesidad  alguna,  porque no veo mi cuerpo .
Creo estar  flotando en algún lugar,  sin gravedad. ¿Es la luz o la no luz?  ¡ No lo sé!.   Pero estoy calmo y sereno  todo el tiempo.  Las  urgencias y  los  pesares, por suerte no  vinieron hasta  este lugar.


GUSTAVO F. FARRONI  / Clason (Sta Fe) Noviembre de 2001
                    


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LOS AMORES DEL SUPREMO

- No, Pancho.! Quiero que sigas en la senda que te has empe­ñado en construir. Nada ni nadie debe detenerte. Menos ahora que te nacieron alas nuevas... Quiero que sigas tu marcha hasta que construyas el país que pensaste muchas veces. El amor no se puede mendigar... Y yo siento que el tuyo hacia mí terminó hace tiempo. El día exacto en que esa mujer apareció en nuestras vidas, y como una plaga en el jardín, comenzó a marchitar lentamente el rosal que culti­vamos.
- Norberta!...
- Shh!! No digas nada Pancho, es mejor así... Andáte  de acá  y no vuelvas  porque no quiero verte nunca más. Y no es odio lo que siento, sino amor. Un profundo amor que luchó por vos, pero ahora siente que debe dejarte volar... Te amaré siempre y rezaré para que todo salga tal cual lo soñaste más de una vez conmigo...  Ahora andáte  por favor;  andáte!
Norberta miró por última vez a los ojos de Francisco Ramírez, con la tristeza del amor roto en sus ojos, que se transformaron  en dos  lágrimas enormes que bajaban por la cara. Eran dos ma­zazos furibundos que pegaban en el espíritu del caudillo.
- Norberta, lo lamento, no puedo dominar esto que siento, pero si fuera necesario...
- Shh... Basta Pancho!! Andáte de acá por favor!
Después,  Norberta dio media vuelta y salió corriendo  a su habitaciòn  atravesando el enorme  patio rodeado de malvones, de rosas; con  trenzas de laurel y enredaderas que se trepaban en las rejas coloniales de las ventanas.  Las cálidas galerías son testigos del paso lloroso de Norberta sosteniendo con las  manos el vuelo de su enorme vestido claro.
El general quedó pasmado. Angustiado por aquella si­tuación. Se sostuvo con la mano derecha al aljibe que com­ponía el centro de la escena. Con la izquierda apretó con fuerza la empuñadura del sable que colgaba por la cintura. Como si al apretarlo descargara la tensión amontonada en los días anteriores... Hasta confesarle a Norberta la verdad.
Dio media vuelta compungido. En la puerta, como una estatua de oscura madera estaba la negra Paula. La fiel sirvienta de la casa y de Norberta  miraba al general con sus
ojos oscuros... que  ahora parecen dos puñales enrojecidos  pretendiendo  clavarse en el pecho de la persona que hacía sufrir a su niña.
Con un gesto seguro de la cabeza invitó a salir al gene­ral. Cuando éste traspasó el umbral, la mujer dio un por­tazo como si quisiese ahuyentar su odio y el dolor de Norberta. Y tal vez  para apagar el calor de aquel amor que quedaba flotando entre las paredes blancas de la vieja casona en la ciudad del "Arroyo de la China", hoy Concepción del Uruguay,  en la Provincia de  Entre Ríos.
A comienzos del Siglo XIX , los  pobladores  de la enorme llanura: el gaucho del litoral, de la Pampa,  de Santa Fe, de Corrientes, de Entre Ríos, de la Banda Oriental de entonces  ( hoy Uruguay) y aún  del sur de Brasil ( hoy Río Grande del Sur) conforma­ban territorios bien definidos. Suelos agrios de disputas por múltiples circunstancias.
Las primeras semillas de independencia  van naciendo lentamente y buscan la forma de germinar con lentitud para hacer un país. Así van apareciendo localmente algunos hombres que surgen con bravura,  para corregir los arrebatamientos de campos y bienes que el habi­tante de estos suelos padecía desde mucho tiempo atrás.
 Son los "Caudillos": héroes populares que sostienen con hi­dalguía las primeras banderas libertarias en sus regiones o provincias y se convierten así en los reinvindicadores de las disputas sociales de la época.
Hacia el año 1813 una Asamblea General declara la liber­tad e igualdad para los indios y negros que vivían en el inci­piente país. Se promulga la "Libertad de Vientres" de los negros escla­vos nacidos a partir de entonces. Quedan abolidos los títu­los de nobleza que se imponían por la cultura europea. La tor­tura y la inquisición, por ley, debieron quedar sin efecto. Y  comienza a plantearse la necesidad de una Constitución...
Hacia 1815,  las Provincias de Entre Ríos, la Banda Oriental, Misiones, Corrientes y luego Santa Fe van surgiendo autónomas y diferenciadas completamente de Buenos Aires, de la cual no quieren depender ni política ni juris­diccionalmente.
 En medio de los caudalosos ríos Paraná,  Uruguay y sus afluentes se van conciliando ideas e intereses con el deseo de formar  una  República.
Van apareciendo por entonces los primeros nombres de los históricos jefes que aún hoy inflaman el corazón, el pecho y la memo­ria de sus coterráneos. Son los Hèroes de los llanos y los ríos, forjados con las armas en luchas fratricidas y con­tra el español.
 Eran hombres de nata  y cuños de hierro que impondrían su voluntad por años, independientes de la voluntad porteña.
Esos Hombres eran José Gervasio Artigas en la Banda Oriental;  el Brigadier General Estanislao López en la Provincia de Santa Fe y el General Francisco "Pancho" Ramírez en Entre Ríos.
Llegó 1816 y el 9 de Julio -"en un día claro y hermoso en San Miguel de Tucumán", según testimonios históricos; -"Se declaró la Independencia de España y de toda la dominación extranjera"-.
De todas maneras continúan existiendo  tensiones entre las Provincias,  que dificultan la formación de un Congreso General  para dictar la Constitución del Paìs que se busca y que interprete el sentir de todas ellas...
Es que los Caudillos Regionales tenían autoridad espontánea,  reconocida por los habitantes que se subordinaban a ellos, pero  no a las órdenes impartidas  desde  Buenos Aires...
¿Como describir a Francisco Pancho Ramírez? ¿De qué forma se describe al río que baja con fuerza,  empujando y deshaciendo piedras hasta convertirlas en pequeños guija­rros mucho más abajo en la correntada?
 Supo ser generoso hasta el cansancio, tanto o más con sus vencidos. Y una fiera impertinente, desgarradora en la mordedura de los contrarios; aún del amigo, si se le oponía...
Alto,  varonil, gaucho  de ojos claros. Pintado arriba de su zaino estrellero o de un caballo de ocasión, su figura se agrandaba y permitía todos los hala­gos posibles.
Cuando Francisco "Pancho" Ramírez entraba a su Concepción del Uruguay  todo el mundo vivaba su presencia. Los hombres le temían y envi­diaban . Y  las mujeres lo amaban.
Solìa aparecer enjaezado de azul,  con cordones dorados que penden en la chaquetilla militar  de los Dragones de  la República de Entre Ríos. Vestido asì,  sobresalìa espléndido entre la montonera.
Ramìrez podía cortar una garganta sin pudor al enemigo en la pelea, como podía blandir una pluma para el arreglo o la composición de los decretos. También  podía tender  la mano dadivosa para levantar al vencido. Abnegado hasta llegar a ofrendar su propia vida por la persona que amaba.
- "Gómez  murió tocando la guitarra llenando al monte con vidalitas entre los gritos de la montonera y los ayes de dolor de la carne desgarrada, hasta que él mismo fue una mueca sangrante abrazado a la guitarra, peleando por Ramírez."
- "Ya quisiera yo morir también en esa forma por mi general Pancho". Así se pronunciaban los hombres agigantando la fábula, agran­dando la leyenda.
- "Como no morir por él, buen mozote y machazo como es", decían las hembras, arreboladas por el altivo general cuando tan solo las miraba... Y ni que hablar si de la mirada pasaba a los hechos. Por lo menos algunos hijos quedaron reconocidos por él como de su misma sangre. Eran hijos que el destino de soldado le iba dando por aquí y por allá. Como para demos­trar que no todo era guerra o preparativo para la guerra.  Que al fin y al cabo, también era un hombre que gozaba de momentos de paz y locura en las tardes o en las noches  entre­rrianas bordeando el Río Uruguay.
Entre jinetes, caballos y serranías, entre arreglos y desarreglos, pasaban los poco más de treinta años del Supremo General de la República de Entre Ríos.
En medio de esas vicisitudes y cuando la política o la guerra se lo permitía, visitaba a la bellísima, a la donosa y frágil novia de la juventud  Norberta Calvento...
El 1º de Febrero de 1820, las fuerzas del Litoral unidas, con Pancho Ramírez y el Brigadier General Estanislao López a la cabeza, es­tán en lucha contra Buenos Aires.
Se produce la batalla de Cepeda.  Juntas, Santa Fe y Entre Ríos triunfan sobre Buenos Aires y marchan hacia la ciudad. Exigen la disolución de las autoridades, en su mayoría porteñas y se firma un nuevo pacto: el Tratado Del Pilar, donde por primera vez se proclama un sistema Federal y Descentralizado de gobierno y se convoca a un Congreso con representantes de todas las provincias. Es en ese momento donde Ramírez desconoce a Artigas- antes su aliado-  con quien comenzó a batirse en armas.
Así nace en 1820 la "República de Entre Ríos" que anexaba a Corrientes y Misiones para sí,  colocando como Jefe Supremo de la República al General Francisco Ramírez. Buenos Aires ob­servaba con recelo todo este proceso.
Por entonces, Ramìrez quiere recuperar a Paraguay y expulsar a los portugueses de la Banda Oriental.  Supone  que los porteños y Santa Fe lo apo­yaran.
Pero  Santa Fe y Buenos Aires ya  habían  entrado  en contubernios y arreglos políticos, recelosos del entrerriano y de su cre­ciente poder. Buenos Aires ofrece a Santa Fe más de veinticinco mil cabezas de ga­nado, en el término de un año como pago compensatorio de estragos de guerra. Lo garantizará un poderoso estanciero de Buenos Aires llamado Juan Manuel de Rosas.
Por estos motivos  y otras causas Francisco Ramírez queda solo con su proyecto de una causa Federal Grande.
Las lanzas, las tacuaras con las espadas, las moharras y los pendones, se fabricaron a toda prisa bajo las órdenes del Supremo Entrerriano.
Ahora es preciso marchar, defenderse de la espesa trama de guerra que tejían alrededor suyo los que antes eran aliados: López en Santa Fe, Artigas por la Banda Oriental -en el Este-  y el General Rodríguez del lado sur, en el puerto de Buenos Aires.
 Ahora el Supremo  Jefe Entrerriano debe  luchar contra ellos, buscando por medio de las armas la razón que las palabras interpusieron entre ellos. Hombres de poder al fin, buscando más poder por medio de distintas persuasiones.
- ¿Quién no quiere hacer este país grande, juntando todas las piezas sueltas del rompecabezas?
- Yo sí!.  - Yo no.!  ¡Opondremos las armas en cien choques de ejércitos, de hombres y de caballos para resolver esta cuestión!
Y como en tantos lugares del mundo, las peleas y las pasio­nes terminan cuando se han regado los suelos, las plantas y las hierbas con centenares de litros de sangre, de sudor y de carne humana. Cuando no queda más espacio para que entre la espada o un cuchillo en los cuerpos. Y cuando todos los cuerpos juntos, mu­tilados y amontonados comienzan a mostrar hedor.
Pese a todo, los hombres lo seguían. Y no solo eso.  Más que eso: lo amaban.  Daban la vida por defender al hombre que los investía de una fuerza especial en los  pellejos curtidos, apergaminados y embetunados por el sol, por el frío y la tierra.
Ramìrez  los hacía imbatibles. Porque eran ellos mismos,  felices y libres. Aunque esa libertad les tronche la vida en una ba­talla... Rezumaban coraje sòlo para ser dignos.
Lo seguìan los hombres,  pero tambièn las mujeres se presentaban a luchar por èl: Cuarteleras, sanadoras, embelesa­das, guerreras.
Viejos, niños, jóvenes, todo el que podía armarse, montar y empuñar un arma, era conquistado y seducido por el poder de convencimiento del Supremo Entrerriano. Con su  juventud y su fuerza; con su elegancia, donaire y locuacidad  engrandecía las gestas,  inflamaba los corazones.
Ella apareció de improviso. Nadie sabìa de donde prove­nía exactamente. Se presume que era portuguesa del sur de Brasil, cuando éste país era Colonia de Portugal.  
Una avanzada de las tropas Artiguistas, an­tes amigas y ahora rivales, se dirigió a dominar el Caserío del  Arroyo de la China para doblegar a Ramírez y obligarlo a  capitular y unirse a las fuerzas del Oriental. Alertado  Ramírez, no dudó en salirle al cruce por sorpresa, en medio del monte y en una noche tan clara como el río Uruguay.
La enjundia ante el enemigo que pisaba y mansillaba su tierra fue tal, que la lucha se decidió en poco tiempo a favor de las fuerzas del general entrerriano.
Con los enemigos venían unos prisioneros brasileños derrotados ante­riormente por Artigas. Eran una veintena de hombres y una media docena de mujeres. Estos solo esperaban el destino de los derrotados de aquella época: degüello rápido y sin clemencia para los hombres; la violación y el escarnio para las mujeres.
Entre esos prisioneros estaba la brasileña. Delfina dicen que era su nombre  y su apellido... Junto a al­gunos oficiales de caballería brasileña, Delfina permaneció confinada a una casona custodiada.
Su belleza era nítida, destacada, elegante y sensual. Desbordaba presencia: algunos de los hombres en su misma condición la protegían y la amaban en secreto. Al punto que le prometían defenderla con la vida si este ejército que ahora los tenía como prisioneros, intentaba  ultrajarla como mujer.
Un oficial que la acompañaba, apolíneo, bravío, curtido por varias peleas, sacó de entre sus botas un pequeño puñal que puso entre las manos de Delfina "para que pueda defen­derse si es necesario". - "O de quitarme la vida Teniente si es preciso; porque no voy a dudar ni un instante si alguna de estas bestias me pone la mano encima" confesó Delfina a su ocasional compañero: el Teniente Pórtes . El hombre advirtió el brillo de la determinación en la mirada y entendió que ella no dudaría en hacerlo.
Una mañana apareció un rengo deshecho, un mutilado de guerra. Un pez inferior en medio de aquel cardumen hambriento, que debía emplear mil artimañas para no sucumbir mordisqueado por aquellos que lo rodeaban. Entró a la casona con  panes bajo el brazo, para  venderlos o  cambiarlos por algún dinero.
De golpe, el  rengo se encontró con la figura rígida del teniente Brasileño que tenía en el pecho una hebra de oro colgando de uno de sus bolsillos. Como la ambición y la pobreza eran muy fuertes, no podía dejar pasar la oportunidad de mirar aque­llo que pendía como una marca del li­naje y origen del teniente brasileño.
El oficial, ni lerdo ni perezoso, comprendió que el hombre había quedado encandilado con la muestra de la cadena  del re­loj de  péndulo que llevaba. Nada ni nadie distrajo  la vista del rengo de esa joya. Ni siquiera Delfina, una flor enhiesta y perfumada dentro de ese grupo de hombres apiñados como frutas podridas en un cajón, malolientes y mal entrazados.
- "Escuche"- dijo el oficial entreviendo que el hombre es­taba atontado con la vista del reloj.  -"¿Quiere ganarse un reloj de oro?. - Consígame de inmediato una en­trevista para mí y la señora con su General Ramírez. ¿Puede hacerlo?".  El hombre contestó afirmativamente. -"Si puede hacerlo, en el momento que estamos frente a él, el reloj es suyo".
- Y allá partió el rengo, a hablar con "mi general Pancho"- "que seguramente ha de querer conversar con este portugués grandote, y con la rubia; que está güenaza." Al poco rato volvió con un asistente del General Ramírez que los mandaba a llamar.
El general estaba "yerbeando" debajo de un árbol cuando se dio vuelta y encontró fijos en él, los ojos de Delfina. Era una rubia esbelta. Aún con aquellos andrajos que la vestían miserablemente se adivinaba una mujer elegante y de temple. La acompañaba el teniente Pórtes.
Ambos venían a pedir al General Pancho Ramírez la libertad, ya que eran prisioneros de Río Grande del Sur en mano de los Artiguistas  hasta llegar allí.
Ramírez hizo mucho más que dejarlos libres: llamó al teniente Brasileño a sus filas y destinó en su propia casa a aquella mujer. Para que pueda estar como debe  estar una mujer de su alcurnia, hasta que  pudiera regresar a la patria que había dejado atrás.
El Supremo Jefe Entrerriano conoció así a Delfina y quedó, probablemente, sellado su destino.
La madre de Pancho Ramírez simpatizò desde el primer ins­tante con Delfina. Ambas eran mujeres de temple y bravura y poco a poco  se hicieron amigas.
Pancho Ramírez rondaba la casa y día tras día  compartía más y más cosas con la bella portuguesa. Sin pensar, sin proponérselo, la convivencia trajo apare­jado otros hechos.
Los paseos y las comidas juntos se transformaron en deseo, el de­seo en amor y pasiòn.
Mientras tanto en el otro extremo del caserío, Norberta re­zaba y lloraba mientras esperaba en vano las visitas cada vez mas espaciadas de Pancho Ramírez.
Una tarde,  Norberta salía de la Iglesia del Pueblo acompañada de su fiel criada y una amiga. De pronto, sin entender que ocurrió, se paralizó al costado de la calle.
A unos pocos metros de ella, Delfina y un asistente de Ramírez cruzaban la calle en dos briosos caballos.
Bella y femenina la una, de pie al costado del camino. Radiante y altanera la otra desde su caballo, cruzaron sus miradas tan solo por un se­gundo.
Una sonrisa cruel apareciò en la boca de la  amazona. Una mueca de dolor se observò en Norberta.
Con angustia,  la mujer que salía de la Iglesia contempló atentamente a Delfina.  En ese mismo instante exclamó sin pensarlo:  -¡Qué linda es!.
En esos días, Norberta comprendió el final de la relación con Pancho y  con profundo dolor,  tomó la decisión de hablar  con él  para poner fin al noviazgo.
Pancho Ramírez y Delfina recorrían los campamentos de los soldados  y juntos inspeccionaban a los hombres. La hermosa amante del caudillo no lo dejaba nunca, se con­virtió en la sombra del héroe. Galopaba a su costado ves­tida con ropas militares que resaltaban la soberbia y la belleza que envolvían su aura de mujer poco común.
Una casaca roja bordada en dorado y un sombrero con plumas que llevaba a toda hora era el distintivo que  anunciaba de lejos la llegada de Delfina.
Cuando aparecía, todo el mundo la saludaba con gritos de entusiasmo. La respetaban porque el caudillo la amaba, aunque  muchos deseaban en silencio a esa mujer magnífica, bello ejemplar de hembra que cualquier hombre normal quisiera te­ner para sí.
Delfina fue la persona que reavivò  las ideas audaces del General.  Era ambiciosa y corajuda y transmitió a  Ramírez esa ambición...
- "¡Naciste para ser grande Pancho! ¡Para ser el más grande de esta tierra de Entre Ríos! La gente a tu lado se encrespa de coraje y se anima a cualquier cosa que le pro­pongas." -le susurraba permanentemente  Delfina al Gene­ral, que  "hinchaba el lomo" y agrandaba su vanidad  y su  hombría con aquellas palabras.
Mediados de abril de 1821.  Ramìrez  està reunido con sus principales lugartenientes: los Coroneles Lucio Mansilla y  Romualdo García, y los Comandantes Piris y  Calvento, bravo oficial que es hermano de Norberta.  Tambièn està en la reuniòn el oficial Brasileño Pòrtes,  sumado ahora a  las filas de Francisco Ramírez... A su costado, soberbia y colosal, está la presencia de aquella mujer: Delfina.
Mientras tanto, los comisionados y mensajeros de Ramìrez  regresaban desde Santa Fe con malas noticias. Esta provincia había hecho  arreglos con Buenos Aires que disgustaron al Supremo Entrerriano.
Ramìrez  interpreta que López ya no está de su lado, sinó a la par de Buenos Aires. Ahora  es la guerra entre ellos, entonces decide atacar a ambas Provincias: Santa Fe y Buenos Aires.
Tomada la decisiòn,  divide su fuerza en dos: una para que cruce el río hacia  Santa Fe al mando de los Oficiales Garcìa y Mansilla. La segunda la coman­darà  Ramírez  y cruzará el Río más abajo en una parte estrecha del mismo. De esta manera atacará  Santa Fé  desde el sur y desde el río en una operación militar de Pinzas.
Delfina,  sentada al lado del general , estaba en la mesa de las reuniones.
- "Como ven señores, la suerte de la campaña depende fundamen­talmente de lo que hagan Mansilla y García al tomar Santa Fe y dirigirse a pelear más abajo."
Mansilla, García y Portes dijeron que sí con la cabeza, pero sus mentes estaban distraídas mirando la esbelta figura de la Delfina...
Norberta  yacìa  en su lecho de enferma, vencida por la debili­dad y el tormento de abandonarse a sí misma. De pronto, se levanta con un grito a la medianoche. Corren pronto a verla sus criados, su padre. La fiel Paula ya está a tu lado.
- "Que tiene mi niña", ¿Qué le sucede?... pregunta Paula.
- "¡Pancho! ¡Es Pancho!" dice agitada, sofocada por el ahogo y el calor de sus entrañas.-"¡Es Pancho! Paula; soñé que es­taba muerto, muerto!, Rojo de sangre y sucio de tierra. Vi como una flor roja, mortal,  en su espalda. Estaba tirado entre los yuyos y las piedras."- gemía Norberta  llorando; angustiada, sudo­rosa...
- La negra abrazó con fuerza a la pálida mujer. Luego estirò su mano derecha al aire y se persignó sin que Norberta  Calvento la observara.
Francisco Ramìrez está acostado en el suelo envuelto en un poncho carmín. Delfina está a su lado cubierta por  la misma manta abrazada a èl. Un matorral de juncos los cubre en la orilla del Río Uruguay, en una tarde de paz y descanso en la ba­rranca. Se han dormido profundamente, después de hacer el amor..
Han pasado muchos días entre corridas y preparativos. Primero retozaron al costado  del Río mientras oían gol­pear el agua contra las piedras. El murmullo del agua  que sucedió al éxtasis los durmió.
Los dos están cubiertos de ropajes livianos, abrazados; casi boca con boca...
De repente, el caudillo se levanta como picado por un in­secto feroz, agitado y asustado. Con los ojos desorbitados miró hacia el río  pero sin ver, envuelto en un espasmo total.
- "¿Que te pasa Pancho?" Pregunta Delfina que ha sentido su convulsión sorpresiva.
- (...)  - Silencio
- "¿Qué te pasa Pancho?"
- Delfina! Delfina: soñé que... que un enemigo llegaba hasta  mì con la punta de una lanza... y yo no tenía más nada por ha­cer...
- Tonterías Pancho!! Tonterías!! Nada ni nadie puede ven­certe... Veni!.. Besame, Pancho; vení. Nadie puede vencerte!!.
Dìas despuès, en medio de la guerra, Ramírez esperó largamente cuatro días con las noches en desconsuelo total  al ver a sus hombres diezmados y malhe­ridos, recostados por aquí y por allá, en medio de los gritos provocados por el dolor de las heridas.
El Supremo camina entre los caídos. A su lado, lo sigue Delfina... -"Ya van a llegar Pancho, no desesperes!!" Lo alienta.
- "No Delfina, no van a llegar!! Presiento que  Mansilla me traicionó!! Mansilla no atacó Santa Fe, algo paso Delfina!!"  "Ju'e Puta!! Si me parece estar viéndolo. De tenerlo cerca, te juro que lo mato despacito! Lo descuartizo de a poco!!"
El Caudillo ha peleado bravamente, desembarcó en Coronda, al sur de Santa Fe. Atacó sorpresivamente a los  Porteños, luego a los Santafesinos . Uno tras otro, los fue venciendo, pero han pasado varios días y las tropas de refuerzo que debían bajar desde el norte, bajo la comandancia de Mansilla y García  no llegaron a destino. Ahora Ramírez está diezmado en sus fuerzas de combate y en las municiones.
Efectivamente: Mansilla lo traicionó. Entró  a Santa Fe y con la ciudad casi desguarnecida, misteriosamente decide volver. Él es porteño de nacimiento.
 -"Dice que no quiere luchar contra sus hermanos de sangre".  -"Volveremos porque la flota porteña puede atacar la costa entrerriana que quedó sin custodia" cuentan que se le oyó decir. Vaya uno a sa­ber...
Así, el norte del ataque planeado por Ramírez quedó sin cu­brir... Ramírez quedó solo, sin el apoyo que debía venir del otro lado del río.  Y tiene que  en­frentar a sus enemigos por tierra, con las tropas y los animales agotados.
Finalmente el 26 de mayo de 1821,  es derrotado en Coronda, en la Provincia de Santa Fe.  No puede volver a Entre Rìos por el Río Paraná, porque está rodeado también por allí.
Entonces decide huir hacia Córdoba, con la mayoría de los gau­chos e indios de su tropa vencidos, cansados, casi hambrientos. Ya no tienen charque para los tasajos, ni caña paraguaya en los chifles ni pólvora para pelear o para darse ánimo en la ba­talla.
El día 10 de julio de 1821, la suerte del General Pancho Ramírez está echada: los santafesinos ya están sobre él.
Una canción popular pinta fenomenalmente en la primer es­trofa, lo sucedido por entonces. Dice el poeta Carlos Guastavino en "Romance de la Delfina":
                                               Galopando va Ramírez
                                               con su caballo estrellero
                                               lo envuelve un aire de angustia
                                               esa tarde en que el lucero
                                               se va apagando en su vida
                                               de caudillo y de guerrero.
Desarmados,  los soldados de Ramírez, ahora son sólo una soldadesca miserable, desarrapada, que marcha buscando una salida.
De pronto,  en la retaguardia se oyen gritos de dolor y de locura... El enemigo está atacando a los rezagados matándo­los sin dudar.
Ramírez, Delfina y un puñado de hombres buscan huir, cubier­tos por otros que defienden al caudillo lealmente  peleando hasta morir.
 De pronto, el caballo de Delfina tropieza, renguea y se re­trasa.  Los perseguidores la alcanzan. Ya están sobre ella. Primero le quitan el sombrero que era su orgullo. Retienen su caballo y la inmovilizan... Ya la están acosando tres o cuatro hombres. Uno de ellos la agarra por los pelos y la tira del caballo. Otro intenta quitarle su chaqueta roja mientras los demàs  ríen burlones.
El General Ramírez se da vuelta a buscarla y observa lo que ocurre. No duda ni un instante...
El sable ya está en la diestra cuando taconea el caballo hacia donde está Delfina. Echa el cuerpo hacia adelante y lanza el animal a toda carrera, alentándolo. El sable es una máquina de romper cabezas, busca vainas de carne y de huesos entre los soldados enemigos que los superan diez a uno.
- "¿Cómo ha de ser una mujer para que un hombre muera por ella? ¿De qué madera está hecha esa hembra para que el General no dude ni un instante y ataque él solito a los captores?".
En el entrevero la mujer huye. Pancho Ramírez sale tras ella, pero un pistoletazo lo quema en la cabeza y en el pecho.
Corre la Delfina y corre Pancho detrás sangrando agonizante,  abrazado al pescuezo del fiel caballo... Pero a los doscientos metros cae al suelo. Cuando su cuerpo toca la tierra, ya está muerto...
                  ... "Como un tigre vuelve el hombre
                        valiente en su acometida.
                        Salvando así de las garras
                        enemigas a Delfina.
                        Y al conseguirlo un disparo
                        troncha por siempre su vida!!
Delfina enloquece al ver a Pancho caer en la huida y rodar entre el polvo, las piedras y
los pajonales. Un soldado enemigo se acerca al General y rápidamente lo degüella. Toma la cabeza por los pelos y la coloca en la punta de la lanza, para usarla como bandera por muchos días con el fin de atemorizar a sus seguidores. El cuerpo quedó tirado a un costado del camino para comida de los caranchos.
Después  la cabeza de Francisco Ramìrez es enviada al gobernador López, que de­cide embalsamarla. Reducida y deshidratada, preside por mucho tiempo su mesa de trabajo.
El vil orgullo de los hombres... El Brigadier López ha decidido mostrar la cabeza de Pancho Ramírez en su escritorio.  - "Para perpetua memoria, escarmiento de otros que en sus aspiraciones intenten oprimir a los heroi­cos y libres santafesinos.", como dice un bando de aquella época.
Luego de varias semanas, Lòpez coloca la cabeza de Pancho Ramírez en una jaula y la ex­hibe por varios días más en el Cabildo de Santa Fe.  Hasta que un religioso se apiada de él y decide darle sepultura.
Delfina regresó tiempo màs tarde   -ayudada por algunos lu­gartenientes-  a Concepción del Uruguay y murió allí el 28 de Junio de 1839.
Se comentaba que era hija ilegítima de un Virrey Portugués y una marquesa Paulista. Había sido dada en Tenencia para su crianza a una familia adinerada de Río Grande, que talló en ella el abolengo y  la estirpe que la siguieron hasta que murió. .. Y que había enloquecido de amor al General Ramírez.
Así murió el Caudillo que aún hoy es recordado en la historia de la provincia de Entre Ríos.
Francisco "Pancho" Ramírez, federalista por intuición y convencimiento, fue el primer hombre que trató de encauzar la Organización Insti­tucional del país: creó leyes provinciales, ordenó reglas de Derecho Público; adoptó el principio de la obligatoriedad de la concurrencia a las escuelas, que ademàs debìa ser totalmente gra­tuita. Así convirtió a Entre Ríos en una avanzada en la materia para la época.  El espíritu del caudillo inflama todavía  los pechos entre­rrianos a pesar del tiempo que pasó.
Mientras tanto las dos  mujeres que fueron parte de su vida amorosa son recordadas por todos,  porque siguen vivas en la memoria de los hombres de Entre Ríos.
Delfina está por allí, en algún lugar,  siguiendo al Caudillo. Su esencia de mujer bravìa no debe estar  tranquila, sabiendo que Ramírez no logró todo lo que deseaba al igual que ella.
Norberta Calvento, vo­laba en el tiempo sin rumbo ni razón desde sus dieciocho años. El hombre que marcó a fuego la historia de una Pro­vincia y de un país, dejó un desarraigo terrenal en el alma de la joven.  Ella nunca lo olvidó. Como olvidar a aquel hombre de mirada de fuego, y palabra altiva y señera. Único entre miles.
Cuando por mil ochocientos veintiuno le anunciaron a Norberta la muerte de  Pancho Ramírez a mano de sus enemigos, negó. Negó y renegó de la muerte del General porque entendía que no era hombre de claudicar ante nada ni nadie. Menos iba a finalizar así,  de impro­viso, siendo tan joven y tan fuerte. ¡Si aún no había terminado la obra de hacer grande a su Provincia de Entre Ríos!
No! Si fue su único hombre y aunque no estaba con ella,  prometió cuidarla! ¿Por qué había de dejarla solitaria en esa  sociedad creyente, idólatra, mojigata e hipócrita, como la de principios del siglo  XIX.?. Esa sociedad en la que la educación tradicional le enseñó el principio y la creencia del amor eterno...
Con el paso de los años, cercana a los noventa años de vida,  Norberta  tenía algunos momentos de luci­dez a pleno; como cuando aparece de golpe la calma del viento en­tre las ramas, hasta que vuelve a agitarlas. Cuando se tranquilizaba podía sentir - decía-  "el aliento de Pancho" sobre ella. Y  cerraba los ojos para soñar.
 Cuando  sintiò que la muerte  venía a buscarla la esperò gozosa,  porque suponía que la llevaban a algún destino de  calma y  paz, para poner las cosas en el lugar que corresponde: Ella y Pancho juntos  para siempre.
En el momento del final, pidió a las personas del  servicio, que la rodeaban mansamente: - “Cúbrame con el vestido que iba a usar  en  mi boda", desvariaba en la última orden que alguien cumplió piadosa­mente, -"Así sabrá  cuando me encuentre, que nadie  lo amó ni lo amará  como yo a él."
Hoy perduran en la casona de entonces - reconstruida-  las ga­lerías, las verjas, el aljibe; las paredes que guardan los sus­piros, los llantos y la ilusión que permanecen allí por encima de otras sensaciones.
Es una energía que envuelve abrasadora a los amantes y les infunde el hálito de lo eterno e indestructible. Como el recuerdo del Supremo y el vestido de novia de Norberta Calvento.
Es que Norberta sigue viva cuidando a Pancho, en la casa de Concepción del Uruguay. Está latente en el recuerdo y la esperanza de  los que sienten que el amor eterno existe... Que la ilusión es necesaria y las utopías también. De otra ma­nera: ¿Qué se supone es el hombre sin utopías, sin ilusión de poder o de riqueza, de mando? Y muchas veces con la ilusión de amar... Como Pancho. Como Delfina. Como Norberta. Cada uno a su manera...





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"UNA NUEVA ENFERMEDAD CAUSADA POR EL FÚTBOL"

 -“Nosotros amábamos a Diego, lo adorábamos.  No había ni una sola casa en Nápoles que no tuviera una foto de Maradona con los colores del "Nápoli".  Era un Dios…   Había  casas en las que  prendían velas en su honor, venerándolo como sí fuese un santo.
 -Aún hoy, hay hogares en la ciudad que siguen guardando su recuerdo y amándolo.
Yo escuchaba atentamente al elegante comerciante napolitano vestido con un traje gris  impecable, con camisa celeste y corbata al tono. Estaba sentado enfrente mío, en el tren  en que viajábamos desde Florencia a Milán esa mañana. Platicábamos alegres, mitad en italiano y mitad en español. Por supuesto, el tema central  era el fútbol…
Pasó el tiempo y recuerdo todavía con simpatía la grandilocuencia y los gestos ampulosos del italiano para demostrar la pasión por Maradona; sus amagues; las “rabonas” y la grandeza futbolística que le dio a Nápoles, Club que consiguió por primera vez, de la mano de diego, el Campeonato Italiano y otros títulos.
Pensaba en todo esto cuando aquí es diciembre y rescato otra historia más cercana a fin de parangonar aquella. Tiene que ver con el hecho de simpatizar con el Club Rosario Central y vivir a unos kilómetros de la "Patria Auriazul".
Por estos momentos en este territorio se conmemora el “Día  de la Palomita”, el 19 de diciembre de cada año desde 1971.
Ese día comenzó una leyenda futbolística que se extiende hasta la actualidad: una final de campeonato nada menos que con los clásicos rivales de la ciudad...De pronto, un centro pasado desde la derecha y un cuerpo con bigotes que vuela bajo, hasta colocar la frente en el centro de la pelota para empujarla mansa hacia la red, que se apanzona  deliberadamente...
Y allí  el verde no fue más verde, porque todo chorreó azul y amarillo y gol y cánticos, hasta semejar una obra de arte que hoy se sigue prolongando. Como un recuerdo feliz en los Territorios Canallas.
¡Ah sí, cada vez somos más! Ese vuelo hizo estallar un delirio imperial que tiene  años de ensoñación, por aquel gol especial; nada menos que el gol  del triunfo y el campeonato .
Entonces vuelvo a escuchar a aquel Napolitano que decía: -“Nosotros amábamos a Diego, lo adorábamos.- No había una sola casa en Nápoles que no tuviera una foto… Era un Dios… ¡Aún sigue siendo un ídolo!”
-¡Yo debí decirle: le digo hoy a la distancia, para no ser menos grandilocuente con aquel comentario entre dos amantes “del calcio”:
 -“Nosotros también adoramos a Diego, pero como centralistas amamos y nos enloquecemos más con aquella creación de Aldo, aún con todos los años que pasaron”.
Debí explicarle que después de tanto tiempo pasado, es seguro que nuestros festejos empañan a los de Nápoles y sus “Scudettos”. A la adoración que sienten por Diego y sus fintas por toda Europa.
Para colmo yo regresaba alucinado con lo vivido horas atrás en la principesca Florencia histórica. Con los museos,  las iglesias y las galerías de arte. Los jardines y los palacios de centenares de años. Traía en mí "el Mal de Florencia”; el impacto emocional de su pintura  y su escultura.
Venía contagiado del esplendor de la “Alegoría de la Primavera, de Botticelli, que casi me hace llorar de emoción como a tantos turistas del mundo, en la galería de los Uffizi,  donde está una de las colecciones artísticas más grandes del mundo.
De boca de los Florentinos comprobé  el amor por el fútbol en Italia. Como dijo uno de ellos: "Aquí, Primo las donnas, doppo el calcio y terzo el laboro.”
Sensibilizado por todo esto,  comprendí  a los napolitanos y su locura histriónica. Si el fútbol tiene esa magia... Al igual que los males peculiares de cada Región, como el “Mal de Florencia”,  existe el “Fanatismo futbolístico por  Diego y el Nápoli”
Hoy, contagiado por el shock emocional de aquél recuerdo, me dejo llevar al espacio con esa obra de arte de la palomita del ’71 y por su contenido plástico. Por el significado futbolístico. Hago votos para que pueda pintarse, grabarla. Hay que esculpirla! Para dejarla en un museo de la ciudad de Rosario!
 Así le agregaríamos (lamentablemente) otra patología no convencional a la medicina de la ciudad, (perdón, es sin querer) para ser tenida en cuenta en propios y extraños: el  "Vahído de los Canallas”. El tradicional grito que se repite todos los años en el festejo de aquel campeonato tan especial, que desquicia las mentes y los corazones centralistas.
-Ah, si: perdón Nápoles. Mis respetos. Lo queremos mucho a Diego, el futbolista.  Pero en Rosario y la zona, amamos y veneramos a “La Palomita de Aldo”. Y todos los 19 de diciembre hacemos un recordatorio  -casi novelesco-  de ese momento. Que es un “Clásico” en todos los sentidos.
…Si vuelvo a Italia prometo llevarles una pincelada de este folklore auriazul.  Para que lo guarden en algunos de sus Galerías junto a los Boticelli. Con los Miguel Ángel, los Giotto; con Masaccio, con Durero, con  Leonardo y tantos otros ilustres.  Para que los visitantes comprendan este mal tan singular, que forma parte de la mística centralista y el folklore del fútbol.
                                                         
                                               
GUSTAVO F.FARRONI  (CLASON, STA FE) (en 1998)




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"SEBASTIÁN Y LUCÍA: UN AMOR ESPAÑOL EN TIERRA AMERICANA"

Los indios Corondinos corrían atropellándose entre ellos, persiguiendo a Sebastián Hurtado que huía espantado por la orilla del río Carcarañá, confiado en que llegaría hasta los vestigios del fuerte que años atrás había fundado Sebastián Gaboto.  El fuerte ahora solo es un puñado de madera reseca y quemada, que se desgrana en mil pedazos bajo la acción del sol y de los insectos, pero es el único lugar con civilización posible y donde Sebastián supone que se puede refugiar.
El soldado venido de España con sueños de conquista y riquezas, no sabía que en la espesura lindante al río lo esperaban agazapados otro grupo de indígenas, los que finalmente acabarían con su vida, despedazándola a golpes, con mazazos contundentes de hachas, palos y piedras.
Los indios habían elegido para él una de las peores muertes que podían darse en estas latitudes en el año mil quinientos veintinueve. La orden había sido impartida por Siripo, uno de los caciques del grupo de nativos que habitaban en la desembocadura turbulenta del río Carcarañá en el  Paraná.
Con el primer grito de la montonera indígena que le salió al cruce, Sebastián sintió un golpe. Un latigazo o una quemazón en la espalda lo torció rápido hacia un costado y después cayó  hacia el suelo. Con sus ayes de dolor y el griterío de la tribu, Sebastián alcanzó a ver los borbotones de sangre y de carne desgarrada que le mostraron en cuestión de segundos la cara horripilante de la muerte.
Debe haber sido en ese momento, en medio del sufrimiento y antes de la nada, que Sebastián Hurtado recordó a Lucía Miranda.
 Lucía…Dueña  de  la gracia y de  la belleza que despertó pasión en tantos soldados de España; en los conquistadores; en los viajeros que venían al nuevo mundo y hasta en estos indígenas que ahora lo despedazaban, sólo porque Sebastián fue el gran amor de Lucía.
El soldado comprendió  que su vida se terminaba, igual que terminó horas antes la vida  de Lucía, consumida y desfigurada por las llamas de  la pira ordenada en el centro de la toldería  que en cuestión de minutos borro su belleza innata.
...De todas maneras, Sebastián había concluido  que antes de no ver más el sol en los ojos y en la piel de Lucía, era preferible morir mil veces.
Milésimas de segundos antes de morir, desfiló por su cabeza la angustia de no poder besarla otra vez, aunque más no sea como el último deseo concedido  a cualquier condenado a muerte.
Después de despedazarlo, los indígenas mostraron los restos a Siripo. Luego de certificar de haber dado muerte a la persona indicada, lo tiraron al río Carcarañá. Exactamente en el lugar donde habían comenzado las desventuras de Sebastián Hurtado y Lucía Miranda en América.
Unos años atrás Sebastián había conocido a Lucía en los arrabales de Madrid, cuando ella era una noble dama , muy bella, cuya alcurnia y linaje la sostenían enclavada en lo más alto de la sociedad española.
Lo que no sabían ambos es que de aquellos primeros encuentros donde sólo abundaban las miradas veloces y furtivas -Sebastián servía como soldado a uno de los señores feudales emparentados con el marido de Lucía-  surgiría un amor tan violento y  voraz, que acabó con los dos pocos años después, en tierras tan diferentes a las que vio nacer la pasión y el romance que los envolvió.
Una vez que se dejaron llevar desbordados por la pasión y el deseo, Lucía sintió que la única forma de vivir el amor con mayúsculas era huir lejos con aquél soldado.
Las iras de un marido rico, noble y poderoso, pero despechado, seguramente se harían sentir en cualquier rincón de España... Así que decidieron partir en viaje hacia el Nuevo Mundo.  Los dos sabían que atrás quedaban resabios de un odio que habría de seguirlos aún a través del mar. Ese rencor no les iba a permitir volver jamás  a la tierra que habitaban.
Cuando Sebastián y Lucía partieron con la expedición de Sebastián Gaboto, decidieron hacerlo en el más absoluto secreto. Gaboto era un avezado marino dispuesto a explorar nuevas tierras y buscar riquezas que prometían ser ilimitadas en el Nuevo Continente.
Cuando arribaron a América  en la expedición, el mar cambió el color  azul intenso  por  un  marrón claro  que tomaba la forma  de un embudo  que los llevaba hacia  un río muy ancho y caudaloso.
Corría el año mil quinientos veintisiete cuando los enamorados miraban absortos la variedad vegetal que bordeaba el enorme río color de tierra, en el que navegaron para desentrañar sus misterios.
Cierto día, llegaron a la desembocadura de otro río pequeño que partía en dos el enorme caudal de agua  del primero.
La expedición hizo un alto y Gaboto decidió quedarse allí. Lo primero que hicieron fue reconocer el terreno, manso de verde, aunque con tonalidades cambiantes. Alrededor, miles de pájaros y otros animales que solían desperezarse calmos al sol, huyeron despavoridos ante la llegada de los extranjeros que bajaban las pertenencias, desde los barcos hasta la orilla de la confluencia de los dos ríos.
De a poco, descubrieron que existía mucha comida.  Aprovechando la tranquilidad del lugar y la riqueza de animales y plantas para alimentarse, fundaron una población. Allí construyeron  ranchos cubiertos de paja, palos y barro, rodeados por escasas defensas que pretendían ser muros de contención, con palos a pique y plantas espinosas que también eran  un cerco para la entrada de  los animales.
Nació así un pequeño pueblo con un  puerto. Con el tiempo, ambos serían conocidos con  el nombre del  Jefe de la expedición: Puerto Gaboto.
Mientras hacían este trabajo, eran observados en el día a día por decenas de indígenas. Estos miraban azorados la determinación de los valerosos expedicionarios que construían esas casuchas ruinosas con esmero.
Los indios se acercaron  pacíficamente desde el primer momento, atraídos por la curiosidad. Pertenecían a una tribu cercana que se hacían llamar Corondinos. Eran cazadores y pescadores que tenían interés en el intercambio de plumas y cueros por los objetos nuevos, extraños, que veían en aquellos recién llegados. No eran violentos, pero sabían manejar sus armas con  habilidad para procurarse el sustento y la supervivencia. Por lo general estaban en constante alerta ante la aparición esporádica de tribus vecinas que venían del norte; éstos, eran guerreros que  solían robarles el fruto de lo cosechado  en el agua y en el monte.
Entre los nativos Corondinos se distinguían dos caciques de porte altivo y mirada encallecida por las continuas escaramuzas para defender su territorio. Se llamaban Siripo y Mangoré. Eran hermanos  y  ambos  comandaban a los Corondinos con resolución.
Mangoré y Siripo rápidamente iniciaron una buena relación con la soldadezca que bajaba de los barcos. Unos y otros se acercaron de a poco hasta que entendieron que podían ser amigos. Al principio los indígenas desconfiaron, pero después los sedujo mirar a estos hombres tan diferentes en la vestimenta, en el color de piel y en el lenguaje que profesaban. Así fue que los españoles que asentaron sus pies en suelo indígena para marcar territorio y los nativos, entablaron amistad lentamente, un poco por curiosidad y otro mucho para ver que utilidad les reportaría la relación de uno con los otros.
Meses después, Mangoré recorría curioso el rancherío levantado por los españoles, husmeando como por casualidad entre las pertenencias de los habitantes del lugar. Lo acompañaba un aire sencillo en la mirada, como si fuera un día cualquiera de cacería entre el monte, en las inmediaciones del fuerte.
De pronto Mangoré ensayó  un suspiro. Volvió la mirada hacia  Lucía que  venía de lavar ropa en el río, mostrando en el cuerpo  un poco de transpiración  que remarcaba  su figura. O acaso era el agua del río que la seguía hasta aquí, acariciando su contorno… Mangoré la vio y decidió seguirla, muy a pesar de Lucía quién comprendió de inmediato el mensaje de sus ojos, ahora torvos, que ya están convertidos en dos brasas no disimuladas.
Lucía corrió casi hasta el encuentro de Sebastián, que se interpuso en el camino del indígena en inequívoca señal de protección de su amada.  Mangoré siguió camino hacia otro lado cualquiera mascullando algo inteligible, aunque no apartó la vista de  la mujer a quien parecía desnudar, a juzgar por su semblante y la intención de la mirada.
Después de varias semanas, la rutina se ocupó de distraer a todos en los quehaceres por sobrevivir, además de  reparar sus chozas y  los barcos.
Al cabo de unos meses, Mangoré regresó al fuerte, acompañado por otros indígenas y su hermano Siripo. Vuelven  trayendo cueros de distintos animales y plumas multicolores en cantidad abundante para ofrecer al Jefe de la guarnición. Los cueros le servían a los españoles para cubrir los techos de las casuchas, para que las lluvias no penetre intempestuosa en ellas. Las plumas, que en otros lugares pueden servir como adorno de las viviendas y de las ropas, aquí se usarán para fabricar y rellenar a distintos enseres: almohadones, colchones, frazadas, abrigos…
Siripo dirigía el intercambio de mercaderías entre los nativos y los soldados. Él también terminó de creer en las palabras de Mangoré que elogiaban desmesuradamente la figura y los ojos de la extranjera, cuando con sus propios ojos advirtió  a Lucía entre otros hombres y mujeres del fuerte. Entonces advirtió que las palabras de su hermano  eran poco expresivas, comparadas con la  belleza y la energía que fluía de aquella extraña y bella mujer.
Unos días después, en una madrugada serena del año mil quinientos veintinueve se escucharon unos crujidos inequívocos en el caserío del fuerte de los españoles: eran los  techos inflamados con la furia del fuego, que crepitan hasta convertir el campamento en una tea incendiada donde el pánico cunde. Por acá y por allá se escuchan gritos de angustia, de dolor  y de furia  ante esa quemazón inexplicable. Todo es confusión, hasta que aparecen en escena otros actores: son los indígenas que llegan desde todos los rincones de la negrura de la noche y de los montes circundantes.  En medio del caos, los indios atropellan por sorpresa hasta lo inimaginable, primero  con  furia y exhalaciones contenidas. Después de  la sorpresa inicial, el griterío de la indiada es mayor, mientras arrasan todo lo que encuentran a su paso.
Toda aquella violencia homicida trae aparejada la muerte de varios soldados a manos de los nativos.  Entre los atacantes, Mangoré está en la primera fila, blandiendo una enorme lanza que atraviesa cuanto pecho se le pone enfrente, hasta llegar hasta a la casucha donde Lucía y Sebastián luchan contra las llamas que están arrebatando sus pocas pertenencias.
En la confusión generada por la sorpresa del ataque nocturno, Lucía es raptada por Mangoré que la aprisiona con fuerza contra su cuerpo mientras la arrastra hacia la oscuridad del monte. Otros indígenas tratan de rodear a Sebastián. Cuando éste reacciona y descubre  lo que está sucediendo, es demasiado tarde: un tronco que oficia de tirante de la casucha cae en llamas delante de él haciéndolo trastabillar.  En ese mismo momento un secuaz de Mangoré lo golpea en la cabeza y  Sebastián cae semiaturdido y lastimado.
Después Mangoré y los demás huyen hasta un extremo del fuerte, donde Siripo juntó a otros indios enardecidos por el triunfo logrado por sorpresa ante los españoles. Estos solo atinan a juntar a sus heridos y a contar los muertos, dominados todavía por el horror desencadenado tan inesperadamente.
En ese momento el sol asoma tibio en el centro del poblado, levantando un halo que semeja  un enorme hervor que fragua el  horror de las muertes y la destrucción.
…Lo que no sabia Mangoré, que lleva a Lucia a los empujones y  a los golpes hacia la espesura, es que él no llegaría a gozar del sabor de ese fruto español ni siquiera por una vez. Ahora se alborota y se excita por el triunfo conseguido ante los extranjeros, aunque se excita más por la presa que lleva a los tirones hacia su escondite.
Pocas horas después todavía caminaban por la serpentina del monte, esquivando espinas y recodos.  Mangoré llevaba casi a la rastra a Lucía, atontada por la violencia con que se despertó, para  conducirla al futuro cautiverio. El esfuerzo de horas, lo intrincado del camino, los ayes de Lucía y las continuas caídas, propician el atraso de Mangoré que tironea aún más a la bella española, cerrando  la larga fila de indígenas. Estos todavía están estimulados por el vaho del alcohol de la noche anterior y la orgía de sangre con que terminó aquel exceso…
De a poco Mangoré y Lucía se iban quedando retrasados y muy separados del resto. Sólo   eran seguidos atentamente  por la miraba escudriñadora de Siripo. A la par que miraba a su hermano y a la española, también vigilaba con celo la retaguardia por si algún extranjero los seguía.
El sol que jugaba desde hace unas horas sobre el techo del monte, comenzó a traspasar la espesura vegetal hasta reflejarse desmembrado sobre el pasto que cobija el suelo…
Ese fue el momento que Siripo creyó  oportuno…Sin decir palabra, se deslizó hasta Mangoré que intentaba levantar a Lucía una vez más.  Este estaba agazapado, apoyando una mano contra un árbol en actitud de descanso. Siripo primero apoyó la mano izquierda sobre la cabeza del hermano y lo apartó de la española. Hizo un gesto con los dedos como de hacer silencio para escuchar la llegada de  posibles seguidores...En ese momento, Mangoré dejó a Lucía en el suelo, casi desmayada. Se alejó dos pasos hacia atrás y  trató de mirar y escuchar a los posibles seguidores.. . Siripo continuó tomándolo por la nuca indicándole hacia donde debía observar, casi como en cariñosa actitud paternal. Segundos después y sin mediar palabra, le asestó varias puñaladas que llegaron desde atrás en dirección al estomago de Mangoré , que reaccionó  moviendo los brazos como molinetes para escapar de su hermano. Parecía intentar un vuelo infructuoso mientras el estómago se  abría como  una flor a la que le arrancan los pétalos.
Mangoré murió completamente desangrado en cuestión de segundos, fue a través de varios agujeros en el cuerpo que Siripo se encargo de agrandar y  multiplicar con un cuchillo de hoja  fina y corta; sin dejar de sostenerlo por la fuerza con la mano en el pelo de la nuca. Hasta que Mangoré quedo completamente apoyado con la cara en el suelo, sucia con hojas, tierra, hierbas y embardunado por su propia sangre. Siripo solo aflojó los dedos de la mano izquierda en la nuca del indio, cuando Mangoré quedo exánime y sin gritar. Entonces buscó a Lucía que yacía más allá, exangüe y sin comprensión.
Después arrastró a la española sin miramientos, por el sendero que marcaba el camino hacia la ranchada que hacía las veces de asentamiento de los nativos.
En aquel lugar, Siripo, enamorado  de los encantos de la española, se dedicó a curar las heridas de Lucía. A medida que ésta se recuperaba el nativo intentaba demostrarle sus sentimientos; de a ratos seduciéndola en su media lengua aborigen. Con miradas, con regalos y una especial  atención hacia ella,  que las demás mujeres de la tribu veían con resquemor y no sin celos.
 Lucía por su parte, mantenía dentro suyo la imagen de Sebastián que llegaba hasta en sueños, No en vano huyó detrás del soldado español hasta atreverse a cruzar los mares y penetrar en territorios totalmente desconocidos y peligrosos, como lo comprobaba ahora en carne propia.
La estadía forzada en ese lugar se hizo larga y penosa, a pesar  que tenía libertad para moverse dentro del territorio del rancherío.
Recibía  un  trato diferente a otras mujeres del cacique. Trato que le dispersaban por orden y mérito del amor de Siripo, jefe único de la tribu ante la muerte supuesta de Mangoré a manos de los perseguidores españoles....
De todas maneras esa libertad era vigilada celosamente por las comadronas y las chusmas de la tribu.
Cuando se repuso totalmente, en Lucía nació la urgencia por huir de ese lugar.  Sentía tanto odio por esta situación, como era gigante el amor que latía en ella por su joven y valiente soldado que… ¿quién sabe qué suerte había corrido por esos días?.
Varias semanas después un tumulto creciente a los puertas del caserío alertó a todos los aborígenes. Una pelea había comenzado con los albores de un nuevo día. Entre gritos de dolor y aullidos de rabia y desesperación, varios indígenas aparecieron arrastrando las figuras inconfundibles de unos soldados españoles que eran empujados al centro de la tribu donde Siripo los esperaba altanero y enjundioso.
Grande fue la sorpresa de todos y más aún de Lucía, cuando vio aparecer herido y desfalleciente a Sebastián, que era arrojado sin miramientos como  un  leño reseco o un animal cazado, a los pies del cacique.
Lucía se arrojó sobre él.  Logró abrazarlo y besarlo pero sólo por unos segundos, porque fue apartada de inmediato por los indígenas, que apenas lo dejaron tocar.
Mas tarde le informaron a  Lucía  que los soldados iban  a ser castigados con fiereza, tal vez hasta morir desangrados, total…¿quién se iba a preocupar por ellos?... Entonces no dudó. Se dirigió con resolución hacia donde estaba Siripo que la observó sorprendido. Después de unos segundos de mirarlo a los ojos fieramente, Lucía se arrodilló a los pies del cacique. Llorando amargamente le suplicó una y otra vez por la vida del español y también por la vida de los soldados prisioneros.
Sus gestos no conmovían a Siripo que miraba erguido y altanero a Lucía sin emitir palabra. Pero pocos segundos después, Lucía pronunció las palabras mágicas que Siripo había esperado y deseado largamente: la promesa de ser suya en cuerpo y alma a cambio de la vida de Sebastián y los soldados españoles.
De esa manera, Lucía se doblegó por voluntad propia a Siripo. Tanto era el amor que profesaba por el soldado que no dudó en someterse a los deseos del cacique.
Con aquella gracia de Lucía , Siripo dejó vivir a Sebastián y también a los otros españoles. Algunos soldados se desperdigaron por el lugar y  tomaron las costumbres y los usos de los nativos adaptándose a vivir bajo el imperio de las leyes de Siripo. Con los años los soldados convivieron con algunas de las mujeres de la comunidad indígena y  tuvieron hijos que los enraizó a esta tierra nueva.
Sebastián fue apartado del lugar; aunque le permitieron vivir en la periferia de la tribu como uno más de ellos, era celosamente vigilado por los nativos. Le prohibieron acercarse a Lucía, tanto que el Cacique les prometió que castigaría a ambos con la muerte. Esa prohibición pesó tanto sobre la conciencia de Sebastián que evitaba  acercarse a su amada, a pesar de tanto deseo y de tanto amor contenido.
Pasaron muchos meses. El desamor de Lucía hacia Siripo la avejentaba rápidamente, casi día por día. Las vejaciones y abusos que la sometía a los deseos del cacique, fueron mellando la voluntad y razón de la bella mujer.
Una tarde cualquiera, y como tantas veces, la mayoría de los hombres de la tribu partieron con sus canoas en busca de mejores promesas de pesca y de caza. Algunos vigías contaron que en un recodo río arriba, habían divisado una gran cantidad de chanchos salvajes y nutrias que prometían una cacería abundante. De inmediato la mayoría de ellos se lanzaron sin dudar a las canoas cargadas con armas, en busca de la aventura que los mantendrían lejos del asentamiento por unos días. Hasta el mismo  jefe de la tribu iría de cacería con ellos.
Las comadres y los ancianos que quedaron a cargo del cuidado del caserío, cierto día distrajeron su tiempo yendo a buscar lodo al río para fabricar cacharros y artesanías. Además tenían que  cortar juncos y leña para el fuego que se  necesitaría cuando los hombres regresen con el resultado de la caza.
El que no se distrajo nunca en todo ese tiempo fue Sebastián. Aunque llevaba una vida aparentemente relajada y distante en las márgenes de las tolderías, se movía con sigilo. Disimuladamente, siempre estuvo al acecho de la casucha donde Lucía convivía por la fuerza con Siripo.
La necesidad de ver por una vez a la española, aunque más no sea de lejos, ponía a Sebastián en un conmovedor alerta. En el espacio que va desde la orilla opuesta a las casuchas, en la barranca del río donde vivía casi como un animal, podía cruzar a veces a nado, otras en un batel, hasta la proximidad de la española.
Tanto esmero… tanto espera… Esa tarde de calor rindió sus frutos cuando observó que Lucía volvía sola del río descuidada por las comadres de la tribu. Entonces Sebastián no desaprovechó la oportunidad. Cruzó raudo el cauce del río en una pequeña canoa hasta encontrarse con ella en el caminito intrincado. Ahora están uno frente al otro por primera vez  en …¿ Cuánto tiempo?...Que importa ahora.  Lo único que importa es que no hubo más que abrazos y besos disparados desde el atraso de amor de ambos.
La pasión los envolvió en segundos y fueron una sola figura que comenzó a galopar oculta debajo de las matas de juncos y espinillos que disimulaban las contorsiones de sus cuerpos, pero que no obstruían los gemidos de placer que exhalaban, aún cuando intentaban acallarlos tapándose la boca con las manos uno al otro.
Ese fue el comienzo de una serie larga de encuentros que se tejían previamente con paciencia, a través de señales inequívocas de ramas cruzadas o cortadas ex profeso; o con piedras amontonadas, que señalaban el lugar donde se verían la próxima vez.
Inevitablemente, la pasión y el amor que los envolvía los predispuso a la fuga en algún momento oportuno. Ese momento llegó una noche que los indígenas dormían un pesado sueño decretado por el alcohol. Habían festejado todo un día con comidas, bebidas y  danzas rituales, en honor a los dioses que les entregaba comida en abundancia con el mínimo esfuerzo.
Esa medianoche, los amantes huyeron silenciosos con un batel pequeño río abajo iluminados por una débil luna.  Sebastián tenía otra canoa más grande y segura escondida cerca del fuerte, donde esperaban encontrar a otros españoles. Ambos remaron desordenados y nerviosos a favor de la corriente del río en procura de la libertad que necesitaban, para disfrutar de este amor que perduró a través del tiempo y los avatares de la vida en esta región.
Lucía y Sebastián remaron durante horas con desesperación y con la esperanza de los que huyen del dolor para tratar de llegar a conquistar la paz y la felicidad.
Por la madrugada llegaron a la desembocadura del estrecho río Carcarañá en el caudaloso río Paraná, donde los españoles habían construido el Fuerte muchos meses atrás. Pero el Fuerte que antes luciera desafiante y enérgico, ahora solo es una masa de maderas y palos carbonizados que apenas se mantienen erguidos por pedazos. De los expedicionarios que vivían allí no quedan rastros. Tal vez ya volvieron a sus tierras , o …Ninguno de los dos quiere pensar en lo peor...Pero lo cierto es que Lucía y Sebastián ahora están asustados; con miedo;  doloridos por tanto sufrimiento pasado. Descienden de la canoa para revisar un poco el caserío, o lo que queda de él,  para tratar de encontrar algo de utilidad. Entre los restos de lo que fue su casa rescatan solo recuerdos, porque no quedó absolutamente nada. Han saqueado hasta la última de sus pocas pertenencias y del resto se habrá ocupado el fuego o el tiempo.
Ahora no queda sino seguir huyendo… Se animan uno al otro para continuar, aunque las fuerzas de ambos están menguadas; sin dormir, con hambre, desfallecientes... Está por amanecer. No pueden ni deben detenerse porque a estas horas alguien debe estar saliendo de la borrachera de la noche anterior en las tolderías. Si detectan la huída de Lucía, buscarán a Sebastián. Si descubren que tampoco está Sebastián, los indígenas saldrán a perseguirlos enfurecidos.
Una vez que se convencen que nada queda en el lugar donde fueron tan felices, Sebastián toma de la mano a Lucía la abraza, la besa con cariño y la empuja a seguir. Es el momento de huir para siempre de allí.
Comienzan a bajar por la orilla del río buscando la canoa salvadora pero cuando llegan al sitio donde la dejaron amarrada no la encuentran. En su lugar queda un tiento de cuero cortado que sujetó la canoa a un árbol de la orilla. Cuando Sebastián termina de reaccionar ante la pérdida, oye un grito de angustia de Lucía.  Levanta la cabeza, mira alrededor suyo y descubre que  una docena de bravos y fieros nativos  les apuntan con lanzas y con flechas a ambos. Inútil huir u oponer resistencia.
Estos nativos surgieron entre la tenue luz del amanecer y la congoja que trasuntaba aquel lugar destruido. La bruma que se levantaba con la nueva mañana era el marco adecuado para que el horror, de nuevo, esté presente en toda su dimensión en este lugar, que ahora no es otra cosa más que un cementerio.
Siripo no era ningún tonto. Nunca descuidó la vigilancia de Lucía ni aún estando ebrio o lejos de la toldería. Apostó siempre una guardia de fieles seguidores rodeando las tolderías y otra  en el lugar  que fue la primera población de los españoles en América. Por  sí aparecían nuevos barcos como los que trajeron a Lucía y Sebastián... Aquellas naves repletas de extranjeros que vienen a dominar esta tierra que Siripo conoce tan bien...
Más tarde, los nativos llevaron prisioneros a Lucía y Sebastián hasta la presencia de Siripo. Cuando llegan ante el cacique, éste los observa despectivos por un rato, rodeándolos. Después observa a lo lejos como si no quisiera distraerse. No quiere mirar a nadie, menos a Lucía. No desea que ésta advierta el odio… Menos su congoja y su dolor.
Un poco después, sin emoción en la voz, dio la orden que cumplía la amenaza predicha, cuando le perdonó la vida a Sebastián por pedido de Lucía.
Los nativos comenzaron a preparar de inmediato un montón de troncos y juntos secos, ordenados como jamás se había visto, justo en el centro del campamento. En pocos minutos la leña estuvo lista y la gente se amontonó alrededor. Acostaron arriba de la leña a Lucía,  la ataron, la  insultaron y golpearon casi hasta desfallecer. No obstante, a la española le quedaron fuerzas para escuchar como crepitaba el fuego que crecía cada vez más por encima de ella, hasta volverse dolor y ardor en la carne quemada. Gritó desesperadamente. Bramó  y  chilló pidiendo clemencia pero ya era tarde…
Sebastián, golpeado hasta los huesos, estaba arrodillado frente a los leños que ardían con fuerza quemando a su amada. Fue obligado a presenciar el horror de la muerte de Lucía. De rodillas y con un palo cruzado en la espalda con las manos atadas sobre el tronco, formando una grotesca cruz de carne y madera.
Cuando los gritos de Lucía se apagaron, hicieron poner de pie a Sebastián. Lo mojaron íntegro para sacarlo del colapso y luego lo desataron. Después lo instaron a fugar, empujándolo hasta la orilla del río, donde había menos gente. Allí Sebastián apeló a sus últimas reservas de energía para tratar de sobrevivir… Los nativos le dieron espacio como para escapar  y lo dejaron adelantarse por unos cuantos metros.
Cuando Sebastián comenzó a correr, los indios empezaron la persecución del soldado que huía aterrado y desfalleciente por la orilla espesa del río Carcarañá, cubierta de árboles con espinas y  malezas bajas.
Los  Corondinos se habían armado con cuchillos, con lanzas y con mazas de palos con piedras para atrapar al soldado español que corría gritando asustado.
Mientras perseguían al español, los indígenas se desafiaban entre ellos para ver quien cazaba primero a Sebastián..



Gustavo F. Farroni- Clason (Pcia Santa Fe)ARGENTINAJulio 2006
                              



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"ELLOS CREARON UNA NUEVA RELIGIÓN"

-El taxista entregó a los pasajeros el vuelto. Exactamente los cincuenta centavos que debía darles, mientras  miraba de reojo por el espejo a los señores con cara de extranjeros: los pasajeros que había trasladado al aeropuerto de Nework, en New Jersey.
-Fin del sueño americano! Bye, Bye- dijeron los hombres para sí mismos.
-“Bye” –Dijo el taxista mientras bajaba las valijas.
Era sábado de madrugada en New York y el lunes había que retornar la rutina.
-“No hay nada mejor que haber estado en Nueva York. Si no conoces New York no conoces el mundo amigo” –Dijo el guía puertorriqueño en el ómnibus que recorría la ciudad con algunos turistas a bordo; al rato señalaba y describía orgulloso - como si él fuera el creador-  la brillantez y la fastuosidad de las Torres Gemelas que parecían flamear como una bandera con la mitad superior al sol. Sonaba como el paradigma nervioso de la meca moderna. La suma arquitectónica  de todos los siglos representados en aquel edificio.
Ya es de noche. Está cálido e invita a caminar. No sé si es el otoño que recién comienza y mantiene el clima agradable o es esta noche Newyorkina que pretendo descubrir mientras admiro  la terrible opulencia de sus paredes altas que parecen tocarse por encima de nuestras cabezas…Es desconcertante para alguien que ha vivido siempre en una pequeña población.
Observo las luces que amontonan y desperdigan asombro por toda la ciudad. Aparecen turistas que contrastan en los idiomas, en el tono de la piel y en las modas. ¡Aquí encuentras realmente la cara que quieres!.
Todos vienen a ver, entender en parte siquiera, o paladear por lo menos una vez en la vida y por unas horas este derroche multicolor.  Quien sabe cuánto esfuerzo y ahorros ingentes habrá significado a muchos. O un gesto mínimo para otros, que están aquí para saborear lo grandioso de esta ciudad y saber como es el inicio y el fin de la fiesta en el mundo a través de New York.
Los yankees se subieron a alabastros dorados para colocar en la cúpula del municipio una enorme copia refulgente de la Estatua de la Libertad, hecha en oro macizo.
Con ello simbolizan el sueño de  su democracia y las glorias eternas; y el peso de la historia, y el poder concentrados  en esa copia dorada puesta a la intemperie. –“Vean como podemos hacerlo” –Parecen decir- Y agregan: -“Admiren! aquí el oro está para usarlo y nosotros lo usamos como queremos!”.
-Ellos inventaron la opulencia. Ellos inventaron el consumo. Y el jadeo y el pulso acelerado fué descubierto con el stress con el que nos contagiaron cuando globalizaron la economía.
Pero sólo nos mostraron las imágenes y se reservaron el gasto exagerado, trasladándonos el peso de los problemas económicos y el deseo.
-“El Gran Sueño Americano”; la práctica de la democracia pura, del desarrollo pleno y la capacitación total y permanente para todos… (Si no te quedas afuera).
Ellos tienen con qué. Ellos pueden inventar más y más cosas cada día, porque el grado de desarrollo alcanzado aún no ha enturbiado sus mentes, más bien parece expandirlas; y en esa expansión nos van ocupando  el  territorio…
… Y entonces consumen litros, ríos de café descafeinado como para atemperar la culpa de tragar enormes cantidades de hidratos de carbono que acumulan en centenares de salsas y de enchastres culinarios que comen a toda hora: manejando o  cruzando la calle. En el subte. En el bus y con sus computadoras. Y se me ocurre y creo verlos aún con los enormes copones de plásticos (popularizados en el cine, en la TV, en las películas con que después nos infestan) que toman ese jugo light sin sabor hasta cuando hacen el amor. (Observesé que  lo toman en todos lados, pero nunca superó al consumo del verdadero café)
Dije el cine, ah! El cine… Genial invento para que New York esté exportando en ese vehículo las emociones, el estilo de ese modo de vida tan de  magnates. El cine y la TV americana han popularizado figuras e imágenes. Han engendrado sueños. Han creado una nueva conciencia  y un paradigma de la  cultura en el mundo: en segundos  le muestran despiadadamente a decenas de millones de personas lo que nunca van a tener.
Y reparemos que esto ha ocurrido en poco menos de cien años de historia de la humanidad, lo cual ha desarrollado un cambio de conciencia focal.
Las horas dedicadas a consumir su cultura nos formó nuevas ideas, nuevos pensamientos para transitar por el mundo.
Hoy  el sentido de vivir parece girar en torno a acumular riquezas. Todos están pendientes de ese cúmulo de  imágenes de lujos, tecnología y placer que nos muestran intensamente . Todos quieren competir poseyendo esos bienes materiales.
Tener se ha vuelto más importante que ser. Ese sueño y esa gestión “ para tener”  es el rezo nacido en el  siglo XX que es diferente a todos los rezos conocidos. Pero es producto de esta nueva religión que busca poder; exige poder y dinero que permita llegar a los paraísos y al éxtasis  que promueven a toda hora.
Eso despierta New York en sus formas cósmicas, en las luces y la  pasión que enfurece las mentes de todo el planeta, instruyendo a todos con esta nueva creencia.
Pero solo globalizó la tecnología y la economía y las imágenes de su religión. En Latinoamérica todavía nos resta conocer los beneficios, aunque por un rato unos pocos elegidos  puedan zambullirse en el placer hedonista de nadar en sus aguas.
En consecuencia, este gentío que vaga en el mundo insiste en consumir, en consumir y en consumir aún a costa de perder parte de la frágil salud mental.
No basta tener hoy un teléfono celular. Debemos tener el “último modelo” de teléfono celular. Y dentro de unos pocos meses, este será viejo y ya lo cambiaremos por un nuevo modelo de teléfono celular.
Ah! Este país! El enorme poder económico que destila en cada metro de su enorme geografía y la influencia global que ha desarrollado.
Podrán decir como descargo, que aún sin esta cultura hubo guerras y enconos. Y es verdad, la estupidez alcanzada por el ser humano no tiene límites y no necesita mucho para poner en marcha signos y alegorías destructoras.
-“Este país es grande, hermano, aquí trabajas y vives bien, pero al mismo tiempo todos están locos, estresados y se mueren pronto, hermano. Aquí todo el mundo corre; están inquietos por gastar y  después están angustiados porque se endeudan. .. ¡Muchos corren sin saber para qué, hermano”-. Nos contó el nicaragüense charlatán a orillas del lago Mendota,  en “La Terraza del Madison”, mientras digeríamos unas sabrosas cervezas que aumentaban nuestra alegría de ese atardecer de otoño tornasolado, ambientados  con graznidos de patos y chillidos de ardillas que buscaban comida alrededor.
-“En cambio en mi país la gente es feliz y se muere de borrachera, hermano”. –“Son todos un pueblo de borrachos. Un pueblo pobre, pero feliz. Así es Nicaragua hermano!”.
Acaso expresaba, inconscientemente, la ambivalente contrariedad latinoamericana entre la “opulencia del trabajo” y “la desvirtud del desempleo” con que el mercado asusta al ser humano.
Esa América Latina aún sigue investigando entre la atracción por  lo nuevo y  el olvido o  hasta el rechazo de la cultura de sus entrañas. En medio de estos extremos, quizás algún día encuentre el equilibrio.
A lo mejor ese caudal  desbordado de imágenes, de marcas y de colores formen lentamente los anticuerpos para encausar tal desmadre consumista.
-“Puedo ganar unos veinte dólares la hora aquí arriba”, me dijo el chofer puertorriqueño del bus que tomamos en el Battery  Park luego de visitar la Estatua de la Libertad. Con él viajamos por los suburbios de New York, disfrutando de la policromía de los pasajeros que subieron en el recorrido de casi todos lo barrios de Manhattan.
-“Nunca podría ganar ese dinero en mi país” –y agregó -“además mi mujer trabaja aquí como asistente dental y gana bastante bien”. –No, no volvería a mi país”, espetó lacónico dando por terminada la conversación que había comenzado con  mi pregunta.
Más tarde, en algún rincón de la enorme catedral de New York ,vimos a algunos muchachos y chicas paseando el rostro del “Che Guevara” (los vimos pasar con su habano) en las remeras que la industrialización contemporizó. El marketing que impone modas y tendencias  las ha vendido por todo el mundo, en un paradójico y reverendo contraste de ideologías y métodos.
El mercado se aprovechó de  aquella  cara y usa su nombre,  un cliché –y una marca expuesta en la remera-  para vender y lucrar con alguien que nunca pensó en el dinero…Alguien  que incluso transpiró sangre en la selva boliviana para demostrar su pensamiento.
Hoy, paradojalmente,  en el corazón de este mundo  ese rostro se vende sin piedad, generando millones de dólares a aquellos que fueron sus primeros y principales enemigos o detractores. Pero, bueno, es el mercado…¡ Así sí, se justifica!!!
… Alguna vez escuché en un restaurante de San Ignacio (en la linda Uruguay) a dos economistas argentinos, aparentemente estudiados en Harvard, hablar de las bondades  mercantilistas de Estados Unidos. Comentaban el estilo americano y de la economía sin trabas que haría a la gente del mundo  más rica y más feliz. Sus cuatro por cuatro estaban estacionadas enfrente. Alguno de ellos tenía puesta una remera con dibujos y  leyendas del Central Park. Recuerdo que estaban imaginando un futuro mejor para nuestro país si se imponía esa bendita religión del norte. Religión del poder, de la riqueza. De  los malls ( los malls:  fabulosos muestrarios que miras caminando idiotizado como todo el mundo, hasta que la fiebre de comprar seguramente te contagia el paseo…) y de  los Mac Donald y los Burguer cercanos,  para no perder tiempo si se te antoja un bocado.
Ninguno de ellos habló de Reparto Social Equitativo. Ni de Distribución Solidaria. Estaban inmersos en los cálculos bursátiles y la buenaventuras de las inversiones que con las importaciones extranjeras “nos permitirán disfrutar hasta el último aparatito que apareció en EEUU.”
Mas tarde, en el paseo obligado  por la Quinta Avenida (es decir por el templo mayor –absorto por supuesto-) pasé cerca de la medianoche por el Rockefeller Center ( en frente de la Trump Building ).  Debajo de sus planos y colores vi dormir entre cartones a muchos descastados que se acurrucaban entorno a los respiraderos de los edificios para encontrar algo de calor. Otros buscaban basura en las sobras de los restaurantes mientras un Presidente nos vendía  habanos con sabores especiales, desde un escaparate de una tienda unos metros más allá...
La verdad que  la mayoría verá pasar este lujo de costado y de lejos…
Los Estados Nacionales deberían preguntarse quién va a gobernar este capitalismo inhóspito que destruye puestos, que concentra poder y dinero y que va poniendo cada vez más la decisión de vivir y dejar vivir en las mentes y en las manos de unos pocos. Se ha dejado todo librado al mandato de  los grandes grupos económicos y a esas pocas personas. ¿No será hora de una intervención de los gobiernos que controle a las corporaciones económicas? ... Que favorezcan al crecimiento económico, la distribución equitativa y recreen un estado de bienestar social?
Es para pensar y analizar una frase de un desconocido:” los comunistas nos tuvieron engañados durante décadas con  el comunismo. Pero sobre el capitalismo nos dijeron la verdad…”  Este  pensamiento es de un ruso ignoto…
Mientras tanto, cerca, en la Isla del Caimán y del viejo barbado, se levanta una manera tangencial y tal vez antigua, la idea de poner una barrera simbólica a todo aquello que nos lleva a enloquecer y a  morir por tener. Aún sin saber cual es el fin de tener.
Eso sí, la ecología es la principal preocupación en el país del norte. No sea cosa que en esta marcha de consumo exagerado, quede todo tirado por allí…
En fin. Es hermosa esa ciudad, quien puede decir lo contrario. Nada  más que  despierta  sentidos  tan contradictorios…Invita a volar.  Pero  también a reflexionar. Aquí todos quieren ser ultra ricos. Todos quieren actuar en  “el gran sueño americano”.
-“Pero están todos locos, estresados y se mueren pronto hermano.” -Me zumban todavía las palabras del nicaragüense en los oídos.“En cambio en mi país la gente es  pobre pero feliz  y se mueren de borrachera, hermano” -me sigue diciendo.
Y a mí me asalta ese latiguillo de  “ni un extremo ni el otro. Como en todos los órdenes de la vida, lograr el equilibrio es lo más difícil.”


Escrito en diciembre de 1998.
Cualquier similitud con la actualidad es pura casualidad. Aquí se cumple ese viejo axioma  que reza: “ los hechos superan siempre  a la ficción.”


GUSTAVO FARRONI




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